Un corredor de más de 650 kilómetros, 20 localidades y seis cruces a Chile. Así se define el Camino de la Fe, el plan vial que el Gobierno de Neuquén volvió a poner sobre la mesa este domingo 4 de octubre, con detalle de obras, plazos y financiamiento. La traza arranca en el paraje Ailinco, dentro del circuito Domuyo, en el Alto Neuquén, y termina en Villa La Angostura. En el recorrido enhebra más de 40 capillas, monumentos y sitios sagrados. La inversión prevista llega a $482.967 millones, según los números oficiales.
Qué es el Camino de la Fe y por dónde pasa
El proyecto nació por una ley provincial que lo definió con tres objetivos: desarrollar las economías regionales, poner en valor el patrimonio religioso y promover el respeto por la diversidad de credos. El Gobierno lo presenta como parte de la planificación estratégica del gobernador Rolando Figueroa. Pero la base del circuito es anterior a cualquier gestión. Está en la impronta salesiana del norte neuquino, en la influencia jesuita hacia el sur, en el patrimonio mapuche y en la trashumancia que todavía recorre pequeñas capillas rurales. Entre los puntos más conocidos figuran el parque temático Vía Christi y el Cristo Luz, en Junín de los Andes, dos obras del arquitecto y escultor Alejandro Santana. La idea es que el peregrino y el turista compartan la misma ruta, aunque vayan buscando cosas distintas. Por eso el plan apunta tanto al turismo religioso como al comercio y los servicios de cada pueblo del recorrido, como viene ocurriendo con otros circuitos de la agenda turística provincial.

Las obras: Pichachén, Mamuil Malal y Hua Hum
El corredor ya tiene tres pasos pavimentados: Pino Hachado, Cardenal Samoré e Icalma. El resto es obra en marcha o por iniciar. La prioridad del Alto Neuquén es el paso Pichachén, que se conecta con Chile a través de las rutas provinciales 38, 57 y 6. Ahí se proyectan 88,6 kilómetros de pavimento en dos tramos: 30,7 kilómetros entre Andacollo y Guañacos, y otros 57,9 kilómetros entre Guañacos y el límite. Esa pavimentación es la pieza central del Corredor Bioceánico, un recorrido de 379 kilómetros que uniría el Atlántico con el Pacífico y acercaría a Neuquén a la región chilena del Biobío. Sobre la Ruta 6 también se prevén 24 kilómetros nuevos entre Octavio Pico y el empalme con la Ruta 8, en la zona de Crucero Catriel, además de la repavimentación de unos 54 kilómetros hasta Rincón de los Sauces. Mientras tanto, en la Ruta 46 avanzan 22 kilómetros entre el arroyo Coloco y el empalme con la Ruta 24.
Más al sur, los plazos ya tienen fecha. Hacia Icalma, la Provincia pavimenta 13 kilómetros de la Ruta 11 entre el empalme con la Ruta 13 y Moquehue; la obra supera el 17% de avance y debería terminar en 2027. En el paso Mamuil Malal se trabaja sobre 12 kilómetros de la Ruta 60, entre el portal del Parque Nacional Lanín y la frontera. Ese tramo está al 52% de avance y tiene meta para marzo de 2027. Hua Hum es el que todavía no arrancó: la Provincia quiere comenzar en diciembre de 2026 con 40 kilómetros de la Ruta 48. Es decir, el corredor completo recién quedará cerrado bien entrado 2027, y siempre que los tiempos de obra se cumplan.
Quién paga: rutas nacionales, petroleras y crédito externo
Los $482.967 millones no salen de una sola caja. El esquema combina tres fuentes: el traspaso de rutas nacionales a la provincia, el prefinanciamiento de empresas petroleras y créditos internacionales. Es el mismo modelo que Neuquén viene usando para la obra vial de Vaca Muerta, donde las operadoras adelantan fondos a cambio de caminos que también necesitan. Sin embargo, en el Camino de la Fe el beneficiario directo no es la industria sino el pueblo de ruta: la hostería, la estación de servicio, el productor que vende en la banquina. Esa es la apuesta que el Gobierno detalla en su presentación oficial del corredor, y también el riesgo: la conectividad llega antes que la demanda, y no siempre la demanda llega después.
Lo que viene ahora es un calendario concreto. Diciembre de 2026, con el arranque de Hua Hum; marzo de 2027, con el fin de Mamuil Malal; y a lo largo de 2027, el cierre de Icalma y el avance de Pichachén. Cada una de esas fechas va a mostrar si el Camino de la Fe deja de ser un trazado sobre el mapa y se convierte en un circuito que la gente efectivamente recorre. Para los pueblos del norte, además, es la primera vez que una obra vial de esta escala los pone en el mismo plan que la cordillera de los lagos, como ya se vio en otras políticas de integración territorial de la provincia.

