En una chacra de Centenario, entre hileras donde crecen varias pasturas a la vez, maduran almendras y avellanas. Hace once años, en ese mismo suelo, había peras y manzanas. Luna de Cuarzo, el emprendimiento familiar que conduce la ingeniera agrónoma Susana Pilatti, es hoy un caso concreto de producción de frutos secos en Neuquén bajo manejo agroecológico y biodinámico. El gobierno provincial difundió la experiencia este sábado 7 de noviembre, mientras el Alto Valle sigue buscando alternativas a la fruta de pepita.
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De las peras a los almendros
La historia arrancó en 2015, cuando la familia compró la propiedad, ubicada en calle 2 y 20. El predio tenía un monte tradicional de frutales de pepita. Pilatti decidió reconvertirlo. Retiraron los árboles a mano, de forma artesanal, y después plantaron especies que pudieran adaptarse a la zona. La elección no fue casual, porque detrás hubo una mirada comercial para diversificar y salir de la dependencia de manzanas y peras. «Las almendras no necesitan pasar por un frigorífico para mantenerse», explica la productora. Esa ventaja le permite manejar con más independencia los precios de venta. También le abre la puerta a ofrecer un alimento diferenciado por su calidad y por el sistema de cultivo, un ángulo que gana terreno en la economía regional.

Un suelo vivo, sin agroquímicos de síntesis
En Luna de Cuarzo producir no es solo plantar y cosechar. La chacra trabaja con agricultura biodinámica, un enfoque que considera al suelo como un organismo vivo. Es decir, busca fortalecer los procesos naturales a través de la biodiversidad, en vez de reemplazarlos con insumos. Por eso, entre las filas de árboles no hay una única pastura sino una combinación de variedades. «Lo que hace la biodinámica es producir alimentos vivos, alimentos sanos. Trabaja en fertilizar el suelo de manera que esté vivo y con mucha biodiversidad», cuenta Pilatti.

Esa diversidad atrae insectos, microorganismos y hongos que interactúan entre sí. Según la productora, ese equilibrio regula las relaciones del agroecosistema sin necesidad de productos químicos de síntesis. En la chacra, de hecho, no se usan agroquímicos ni para fertilizar ni para controlar insectos. El manejo apunta a fortalecer la vida del suelo y a aprovechar sus propios mecanismos para mantener sanos los cultivos. Es una apuesta a largo plazo: cada árbol tarda años en entrar en producción y el sistema se construye desde abajo.
Variedades elegidas para esquivar las heladas
Las heladas tardías de primavera son el principal riesgo para cualquier floración en el norte de la Patagonia. Por eso Pilatti eligió la almendra de la variedad Marinada, que florece más tarde que otros almendros y reduce el daño sobre las flores. El otro desafío fueron los avellanos. Esa especie necesita ambientes más húmedos que los habituales en la región, pero la productora decidió probar igual. Los plantines llegaron de un vivero de Viedma, crecieron y ya producen. «Yo me jugué y los árboles están bien. Se han adaptado, le encontramos la vuelta», relata. Así, los frutos secos en Neuquén dejan de ser una rareza y pasan a ser una opción técnica probada en el territorio, con variedades ajustadas al clima local.

Qué significa para el Alto Valle
La reconversión de una plantación de peras y manzanas en un monte de almendros y avellanos habla de algo más que una chacra. Muestra una salida posible para productores que buscan diversificar en una región donde la fruta de pepita arrastra años de márgenes ajustados. Luna de Cuarzo vende en ferias locales y en forma directa, a través de Instagram (@lunadecuarzo_nqn) y por teléfono al 299 5463129. El recorrido completo de la chacra figura en el relato oficial de la experiencia productiva. Lo que viene ahora es ver si el modelo escala: si más chacras del valle siguen el camino de los frutos secos en Neuquén, la diversificación agrícola dejará de ser una excepción para convertirse en una tendencia con peso propio en la producción regional.

