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La concesión de Confluencia ya tiene dueño. El Gobierno de Río Negro unificó las áreas Confluencia Norte y Confluencia Sur en un solo bloque de 272,22 kilómetros cuadrados. Después se lo entregó a Phoenix Global Resources bajo una concesión de explotación no convencional por 35 años. El decreto, conocido a mediados de octubre de 2026, aprueba un primer plan de 40 pozos y una planta por US$ 494 millones. Pero el horizonte es bastante mayor: hasta 205 pozos y más de US$ 3.000 millones a lo largo de la vida del contrato, sobre el lado rionegrino de Vaca Muerta.
Qué aprueba el decreto de Río Negro
El decreto hace dos cosas a la vez. Primero, borra la frontera entre los dos bloques y crea un área única de 272,22 kilómetros cuadrados. Después, convierte ese espacio en una concesión de explotación no convencional. Es la figura que la ley de hidrocarburos reserva para el shale y que habilita plazos de 35 años, diez más que una concesión convencional. Para la empresa, ese plazo es lo que vuelve rentable perforar pozos horizontales con fractura hidráulica. Cada uno cuesta mucho más que un pozo convencional y necesita años para pagarse.

El plan piloto comprometido suma 40 pozos y una planta para tratar la producción, con una inversión de US$ 494 millones. Sin embargo, ese número es solo la primera etapa. El esquema completo contempla hasta 205 pozos y más de US$ 3.000 millones durante los 35 años del contrato, según el compromiso presentado ante la provincia. Con esa escala, Confluencia pasa a ser uno de los proyectos de mayor tamaño anunciados en Río Negro, lejos todavía del núcleo neuquino de la cuenca pero con una curva de desarrollo propia.
Continental, Mercuria y el reparto de la operadora
El título llega en un momento particular para la empresa. Phoenix está controlada por el grupo Mercuria y, en paralelo, negocia los acuerdos definitivos con Continental Resources, la petrolera estadounidense que busca quedarse con el 50% de la operadora. La concesión, entonces, se cierra antes de que entre el nuevo socio. Ese orden no es menor. Continental compraría la mitad de una compañía que ya tiene asegurado el bloque por 35 años, con un plan de pozos aprobado y un cronograma de inversión definido.
Para la provincia, la secuencia también tiene lógica. Un título firme sobre la concesión de Confluencia vuelve más fácil que el socio estadounidense confirme su desembarco, porque reduce la incertidumbre regulatoria sobre el activo principal. Además, el Gobierno de Río Negro consolida su apuesta por el no convencional. La provincia busca desde hace años captar una porción de la inversión que hoy se concentra del lado neuquino de Vaca Muerta.
Qué cambia para Neuquén y el Alto Valle
Aunque el bloque está en Río Negro, el efecto alcanza a toda la cuenca. Los 40 pozos del plan piloto se van a perforar con equipos, empresas de servicios y cuadrillas que en su mayoría operan desde Neuquén, porque ahí está la base logística del shale. Lo mismo ocurre con la arena, el agua y la logística de fractura. Para los proveedores neuquinos, Confluencia es un mercado nuevo a pocos kilómetros de su base, con impacto directo en el negocio regional.
Hay también una lectura de competencia. Cada concesión no convencional que otorga Río Negro suma presión sobre Neuquén para sostener su ventaja: plazos, regalías y velocidad de aprobación. Hasta ahora la provincia neuquina concentró casi toda la actividad. Pero si proyectos como este avanzan, parte del empleo y de la cadena de valor que hoy pasa por la sociedad neuquina puede empezar a repartirse hacia el sur del río.
Lo que viene ahora
El próximo paso es el cierre de los acuerdos definitivos con Continental. Ahí se va a saber en qué términos entra la petrolera estadounidense y qué rol operativo asume. Después vendrá el calendario de perforación de los primeros 40 pozos y la construcción de la planta. Mientras tanto, la concesión de Confluencia ya quedó firmada: un bloque unificado, 35 años de plazo y casi US$ 500 millones iniciales que ahora tienen que pasar del papel al campo.

