Hay derrotas que duelen más por el contexto en el que ocurren. La que sufrió hoy el grupo Techint en la licitación del gasoducto de Southern Energy no es solo una mala noticia comercial para Paolo Rocca. Es la segunda en menos de cuatro meses en el mismo proyecto, llega en medio de un conflicto abierto con el presidente Javier Milei y consolida una tendencia que el mercado ya no puede ignorar: en la Argentina de Vaca Muerta, el nombre histórico ya no garantiza la obra.
San Matías Pipeline, empresa vinculada a Southern Energy, adjudicó hoy la construcción del gasoducto de 471 kilómetros y 36 pulgadas que conectará Tratayén, en Neuquén, con el Golfo San Matías, en Río Negro, a la UTE integrada por la constructora argentina Víctor Contreras y la italiana SICIM. La planta compresora del kilómetro 80, de 46.000 HP de potencia, quedó en manos de Oilfield Production Services (OPS) — una empresa neuquina, dato que no es menor en la cadena de valor local.
La historia en dos actos
El primer acto ocurrió en enero. Tenaris, la subsidiaria de Techint y única productora local de tubos de acero para gasoductos, perdió la licitación de los caños ante la india Welspun. La derrota desató uno de los cruces más resonantes de la política económica argentina reciente: el presidente Milei bautizó a Rocca como «Don Chatarrín de los tubitos caros» y repitió el mote en múltiples escenarios — desde el Argentina Week en Nueva York hasta el discurso en la Fundación Libertad esta misma semana.
El segundo acto es el de hoy. Techint-Sacde, que según El Cronista presentó la segunda oferta en precio, quedó fuera de la construcción del gasoducto. La propuesta ganadora de Víctor Contreras – SICIM habría sido USD 80 millones más económica que la de Techint-Sacde, según fuentes con conocimiento de la licitación citadas por El Cronista. Pero el precio no fue el único factor determinante.
Según consignó Infobae en base a fuentes del sector, el consorcio ganador ofreció mayor flexibilidad en el pago al no solicitar anticipo, garantizó que la obra cumplirá con los estándares de diseño previstos y presentó mejores garantías de reaseguro de cumplimiento de contrato. Puntos clave en un proyecto de esta escala donde la estructura de costos es muy ajustada.
El proceso se desarrolló a través de una plataforma digital con apertura de ofertas económicas ante escribano público. Compitieron cinco oferentes: Víctor Contreras-SICIM, Techint-Sacde, Contreras-Bonatti-Pumpco, OPS y BTU. Marcelo Mindlin, accionista de Southern Energy a través de Pampa Energía, quedó excluido del comité de adjudicación porque Sacde — su constructora — competía en la licitación. Una muestra del nivel de transparencia que se buscó en el proceso.
Quiénes son los ganadores

Víctor Contreras es una constructora argentina con más de 50 años de trayectoria. Nació cuando su fundador — ya fallecido — se separó en los años 70 de Contreras Hermanos, la empresa familiar que integraba junto a ocho hermanos. Su especialidad siempre fueron los tendidos de grandes diámetros para la industria petrolera. En los últimos años había perdido presencia en el mercado local, pero esta adjudicación la reinstala como jugador de primer nivel.
SICIM es una compañía italiana fundada en 1962, con 11.000 empleados distribuidos en 26 países y más de 20.000 kilómetros de gasoductos instalados en el mundo. Tiene presencia en Colombia, Guyana, Perú y Chile, pero nunca había operado en Argentina. Este gasoducto será su debut en el país.
En la UTE, SICIM tiene el 51% y Víctor Contreras el 49%. La combinación une el músculo financiero y la experiencia internacional de la italiana con el conocimiento del territorio y las relaciones locales de la argentina. No es un accidente que hayan ganado.
OPS, la empresa neuquina que se llevó la planta compresora, es uno de los datos más relevantes para la cadena de valor local. En un proyecto donde los grandes contratos suelen terminar en manos de empresas de Buenos Aires o extranjeras, que una firma de la provincia gane la instalación de una pieza crítica del sistema no es un detalle menor.
Lo que está en juego
El gasoducto que hoy se adjudicó no es una obra más. Es el corazón logístico del primer proyecto exportador de Gas Natural Licuado de la Argentina. Southern Energy — el consorcio integrado por Pan American Energy (30%), YPF (25%), Pampa Energía (20%), Harbour Energy (15%) y Golar LNG (10%) — firmó en febrero en Berlín un contrato con la estatal alemana Securing Energy for Europe (SEFE) por más de USD 7.000 millones: 2 millones de toneladas anuales de GNL durante ocho años, con inicio en fines de 2027.
Sin el gasoducto, ese contrato no puede cumplirse. El ducto de 471 kilómetros conectará la producción de Vaca Muerta con el buque licuador Hilli Episeyo que estará frente al Golfo San Matías — y más adelante con un segundo buque, el MKII, que elevará la capacidad total a 6 millones de toneladas anuales. La inversión total del proyecto supera los USD 15.000 millones en dos décadas.
La construcción arrancará en el segundo semestre de 2026. La obra tiene que estar lista para 2028.
Lo que el mercado registra
Dos licitaciones perdidas en el mismo proyecto en menos de cuatro meses marcan una inflexión en el posicionamiento de Techint en la Argentina energética. El grupo sigue siendo el constructor del VMOS — el oleoducto de exportación de petróleo que sigue prácticamente la misma traza que el gasoducto que hoy perdió — y eso no es poco. Pero la narrativa de que Techint era el actor imprescindible en la infraestructura energética argentina empieza a tener más matices.
Para Neuquén, la adjudicación tiene una lectura directa: el gasoducto que conectará la cuenca con el Atlántico avanza. Y cuando ese gasoducto esté operativo, el gas de Vaca Muerta va a tener por dónde salir al mundo.
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