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Jorge Salcedo, presidente de IMPSA, puso sobre la mesa esta semana dos apuestas que exceden a Mendoza. Por un lado, la vuelta a Tocoma, la central hidroeléctrica venezolana donde la empresa proyecta sumar 1.500 empleados. Por el otro, un lugar en la cadena de suministro de los reactores modulares que Estados Unidos empieza a desplegar. Lo dijo en un foro energético realizado en Mendoza, organizado junto al Gobierno provincial y al banco Santander. Para Neuquén, que vive de la energía, el mensaje tiene una lectura propia.
Una cadena hidroeléctrica completa, algo que pocas regiones tienen
Salcedo arrancó por el activo que casi nadie más tiene en la región. Mendoza conserva la cadena de suministro hidroeléctrica completa: de la ingeniería a la fabricación de equipos pesados y el servicio posterior. Eso no es un dato menor. Según explicó, esa cadena es la que le permite a la empresa mendocina competir por proyectos afuera aunque el mercado interno esté parado. También es la que se pierde si pasan demasiados años sin obras. De ahí que la compañía salga a buscar trabajo donde lo haya.

El regreso a Venezuela es el capítulo más ambicioso. Tocoma es un proyecto que IMPSA conoce desde hace años, y la meta que planteó Salcedo es sumar 1.500 empleados para esa obra. Es una cifra grande para una industria que en la Argentina viene achicándose. Sin embargo, el cronograma y el esquema de financiamiento todavía no se conocen en detalle. Ahí está la pregunta que el sector va a seguir de cerca. Mientras tanto, el anuncio sirve para medir el tamaño de la ambición.
Reactores modulares: la puerta que se abre en Estados Unidos
La segunda apuesta mira al norte. IMPSA ya fabrica componentes nucleares para el mercado estadounidense, según contó Salcedo. Ahora quiere un lugar en la cadena de los reactores modulares, los llamados SMR. Son reactores de menor potencia que los convencionales. Se fabrican en serie, en planta, y después se montan en el lugar. Estados Unidos los empuja para abastecer, entre otras cosas, la demanda eléctrica de los centros de datos. Para un proveedor argentino, entrar en esa cadena significa certificaciones, escala y clientes en dólares. No es un camino corto, pero la empresa ya tiene un pie adentro con los componentes que hoy exporta.
Por qué la Argentina no vuelve a hacer grandes represas
Salcedo dedicó parte de su exposición a explicar por qué el país no encara nuevas represas de gran escala. En la Patagonia esa pregunta tiene nombre propio. Chihuido I, sobre el río Neuquén, acumula años de anuncios y licitaciones sin que la obra arranque. Las represas grandes exigen décadas de horizonte y un financiamiento que hoy no aparece. En cambio, la energía nueva se está construyendo en otra escala: parques renovables, gas de Vaca Muerta y, más adelante, la nuclear modular. Ese cambio de escala es el que redefine el negocio de fabricantes como IMPSA.
Desde Neuquén la exposición se lee en dos claves. La primera es la de los proveedores de Vaca Muerta: la lección mendocina es que la cadena de suministro se sostiene con trabajo continuo, no con anuncios. La segunda es nuclear. La provincia tiene en Arroyito la planta de agua pesada, y el debate sobre los reactores modulares también va a pasar por acá. Lo que viene ahora es concreto. Falta conocer el cronograma real de Tocoma. Y falta ver si IMPSA consigue las certificaciones que le abran la cadena estadounidense. Ese será el verdadero test de lo que Salcedo anunció esta semana en Mendoza.

