¿Cuánto cuesta de verdad poner a funcionar la inteligencia artificial en una empresa? Bastante más que la licencia del software. La consultora global McKinsey publicó el 7 de agosto un análisis sobre la adopción de agentes de IA con una pauta concreta: la fórmula 1:3:5. Por cada dólar invertido en tecnología de agentes —programas que ejecutan tareas completas, no solo responden preguntas—, hay que destinar tres a rediseñar procesos. Y cinco a capacitar a la gente y sostener la adopción.
Para las operadoras y las pymes de servicios de Vaca Muerta que empiezan a probar estas herramientas, la fórmula funciona como un test de presupuesto. Antes de escalar un piloto conviene mirar la planilla. Si la licencia es el gasto principal y la capacitación aparece como un renglón menor, el proyecto arranca al revés. Eso vale igual para una contratista familiar con equipos por turnos que para una operadora grande.
La proporción que casi todas las empresas invierten
El diagnóstico de McKinsey es que la mayoría de las compañías aplica la fórmula 1:3:5 al revés. La tecnología concentra la atención de los directorios y la mayor parte del dinero. Mientras tanto, el entrenamiento de los equipos y el cambio de hábitos se tratan como un detalle de implementación. El resultado son pilotos que lucen bien en la demostración pero no cambian cómo se trabaja. Hay más evidencia en la misma línea: según el estudio State of Organizations de la consultora, miles de directivos en el mundo señalaron la gestión del cambio y el trabajo en compartimentos estancos como los principales frenos para escalar la IA. Por encima, incluso, de la infraestructura tecnológica.
Menos planes bajados de arriba, más liderazgo continuo
El informe también discute el manual clásico de la gestión del cambio, el del plan que baja desde la dirección y la capacitación de una sola vez. Para los autores, ese esquema no alcanza cuando se trabaja con agentes. Proponen en cambio un liderazgo del cambio «continuo, guiado por la conducta y embebido en el propio trabajo». Un dato respalda el giro: los empleados con poca confianza en el apoyo de su organización durante una transformación con IA tienen 1,5 veces más probabilidades de sentir ansiedad frente a los cambios.
Qué puede hacer una empresa neuquina
La aplicación práctica es directa. Primero, presupuestar el piloto completo y contrastarlo con la fórmula 1:3:5: al costo de la licencia se le suman las horas de rediseño de procesos y las de formación. Segundo, asignar tiempo real de los mandos medios —el jefe de base, el supervisor de turno—, porque son quienes convierten la herramienta en rutina diaria. Tercero, reemplazar el curso único por práctica en el puesto, con seguimiento semanal sobre el trabajo concreto de cada equipo.
Un contexto que conviene tener presente: McKinsey vende servicios de transformación organizacional, así que el dato es suyo y también es su negocio. Aun con esa aclaración, la fórmula 1:3:5 sirve como vara gratuita. Alcanza con abrir la planilla del piloto y ver dónde está puesta la plata. Si ocho de cada nueve dólares no van a procesos y a gente, el problema no va a ser la tecnología.
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