El petróleo argentino acaba de cruzar una línea simbólica que parecía intocable. El récord de producción de 1998 —el techo histórico de la actividad doméstica antes de tres décadas de retroceso— quedó atrás. Las proyecciones del Ministerio de Economía y de las principales operadoras coinciden en que 2026 cerrará con un promedio de unos 900.000 barriles diarios, un 16% por encima de 2025 y un 11% por encima del pico de hace 28 años. El motor del salto es Vaca Muerta.
El dato que más interpela al país es otro: casi el 70% del crudo argentino ya es no convencional. Es decir, sale de Vaca Muerta. La cuenca neuquina dejó de ser una promesa que se medía en pozos piloto para convertirse, en menos de una década, en el sostén estructural de la balanza energética del país.
Récord de producción Vaca Muerta 2026: cómo se llegó hasta acá
El salto se explica por la coincidencia de tres factores que rara vez se alinean en la economía argentina: financiamiento privado disponible, infraestructura de evacuación que finalmente acompaña, y un marco regulatorio que las empresas leen como creíble. Las operadoras vienen revisando al alza sus propias proyecciones a un ritmo casi mensual.
YPF, que opera la mayor parte del acreage premium de la cuenca, confirmó que va camino al millón de barriles diarios antes de 2031. Vista Energy elevó su guía anual de 140.000 a 143.000 boe/d tras un primer trimestre récord, en el que invirtió USD 391 millones. La provincia ya recibe la mitad de su presupuesto en regalías, y la curva todavía no muestra signos de aplanarse.
La diferencia con 1998 no es solo cuantitativa. Aquel pico se sostenía sobre yacimientos convencionales que llevaban décadas de explotación y que entrarían en declino acelerado a comienzos de los 2000. El récord actual descansa sobre una formación shale que recién empezó a desarrollarse a escala a partir de 2017 y cuya curva de aprendizaje sigue mejorando: los pozos de hoy producen más, fracturan más etapas y cuestan menos por barril que los de hace cinco años.
Lo que cambió en la cabeza de los inversores
Hasta hace 18 meses, el discurso recurrente de los CEOs internacionales que pasaban por Buenos Aires era el mismo: «Argentina tiene la roca, no tiene el régimen». El régimen llegó. El RIGI, la prórroga del contrato petrolero estable, la libertad para acumular dólares de exportación, la seguridad jurídica que la presentación de Figueroa en Houston intentó vender al inversor texano: la suma de esas piezas convirtió a Vaca Muerta en un activo bancable para fondos que durante años miraron de costado.
El resultado se ve en las decisiones de inversión. GeoPark, el operador colombiano mediano, anunció que pondrá USD 600 millones para escalar de 1.500 a 20.000 b/d entre 2026 y 2028. Pluspetrol, Pampa Energía, Tecpetrol, PAE y Vista vienen sumando capital al ritmo en que se libera capacidad de evacuación con el avance del oleoducto Vaca Muerta Sur. Eni y XRG —el fondo soberano de Abu Dhabi— acompañan a YPF en el mayor proyecto de GNL de la historia argentina, con FID prevista para mediados de 2026.
El cuello de botella ya no es la roca
La pregunta que ahora ocupa a los analistas no es si Argentina puede producir más, sino cuánto más puede sacar. Y la respuesta es de infraestructura, no de geología. El techo de Vaca Muerta no está en la roca, está en el caño: oleoductos, gasoductos, capacidad portuaria. La puesta en marcha del VMOS a fines de 2026 desbloquea 180.000 b/d adicionales en la primera etapa y abre la posibilidad de llegar a 700.000 b/d en una segunda fase.
El otro cuello de botella es humano. Como anticipó Horacio Marín, presidente de YPF, en la Feria del Libro hace una semana, la industria va a necesitar 40.000 nuevos puestos de trabajo en los próximos cuatro años. La alianza de las 14 operadoras con el Instituto Vaca Muerta para certificar técnicos —2.500 este año, 3.000 anuales desde 2027— es la primera respuesta sistémica a esa demanda.
Lo que viene
El récord de 2026 no es un punto de llegada. Las proyecciones internas del sector y de la Agencia Internacional de la Energía ubican a la Argentina entre los productores que más crecerán en la próxima década. El millón de barriles diarios podría caer antes de 2031. La conversación que viene es sobre cómo el país convierte ese flujo en ingresos sostenibles, divisas para la macro y desarrollo para las provincias productoras —Neuquén, Río Negro, Mendoza— sin repetir los errores de los ciclos anteriores.
1998 era la marca a superar. Ya quedó atrás. La pregunta del próximo lustro no es si Vaca Muerta puede romper récords. Es si la macro argentina va a saber qué hacer con ellos.
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