Vino patagónico de San Patricio del Chañar al mundo: 1.766 hectáreas, cinco bodegas exportadoras y la apuesta al segmento premium

Mientras la conversación económica neuquina gira en torno a Vaca Muerta, el polo vitivinícola del Chañar consolida un perfil exportador silencioso: precios FOB sobre USD 15, crecimiento del 18% en orgánicos, ventas a Estados Unidos, China, Alemania y los países nórdicos. La Inversora saltó 50% en colocación externa en lo que va del año.

Santiago Montórfano
Santiago Montórfanohttps://neuquen21.com.ar
Neuquino. Politólogo recibido en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Conductor, productor y columnista político en medios de comunicación (Radio, TV y Prensa escrita). Creador del diario digital neuquen21.com.ar Un magazine digital dedicado a publicar las noticias más relevantes de la Provincia de Neuquén.

Hay un Neuquén exportador que no aparece en las planillas del Ministerio de Energía, pero que crece todos los años a un ritmo silencioso y consistente. Está plantado a unos 65 kilómetros de la capital, en la meseta del Chañar, y en 2026 consolidó su perfil como una de las pocas industrias premium argentinas que exporta vino patagónico de San Patricio del Chañar a cinco continentes con precios FOB por encima del promedio del país.

La cifra que ordena el panorama es simple: 1.766 hectáreas plantadas, concentradas casi en su totalidad en San Patricio del Chañar y diseñadas desde su origen para producir vino de exportación, no para abastecer el mercado interno. Esa decisión estratégica —tomada hace dos décadas cuando el polo se diseñó— está dando sus frutos justo ahora, cuando el consumo doméstico argentino cae y la diferenciación premium se vuelve la única estrategia viable.

Vino patagónico San Patricio del Chañar: las bodegas que mueven la aguja

Cinco establecimientos concentran la mayor parte del volumen exportable del polo. Bodega del Fin del Mundo, la primera en abrir operaciones en la meseta, sigue liderando volumen. Familia Schroeder apuesta al perfil boutique con énfasis en Pinot Noir y Malbec patagónico. Bodega Malma trabaja una línea de varietales clásicos con producción más acotada. Secreto Patagónico empuja el segmento orgánico y biodinámico, donde Patagonia tiene ventaja comparativa por la sequedad ambiental que reduce la presión de plagas. Y Bodega Patritti, recientemente adquirida por Peñaflor, suma músculo financiero y red comercial internacional al complejo.

La Inversora, con instalaciones en San Patricio del Chañar, registró un dato concreto del primer cuatrimestre que ilustra el momento: colocó 581.000 litros en mercados externos, un salto del 50% respecto del mismo período de 2023. La empresa exporta tanto graneles para terceros como producto terminado bajo marca propia.

El vino premium como categoría exportadora

Lo que distingue a Patagonia del resto del mapa vitivinícola argentino no es el volumen —Mendoza la supera por escala absoluta— sino el precio. Los exportadores boutique de Patagonia, junto con los del Valle de Uco mendocino, lideran el segmento de mayor valor agregado: el promedio FOB supera los USD 15 por botella. En categorías como reservas y guardas largas, los precios trepan a USD 30 y más, según relevamientos de Wines of Patagonia.

La razón estructural es la calidad fenológica que aporta el clima patagónico. Días largos en verano, noches frescas, baja humedad, vientos secos: condiciones que producen uvas con concentración aromática y acidez natural más alta que la mayoría de los terroirs argentinos. El Pinot Noir es la variedad que mejor expresa esa diferencia y la que más reconocimiento internacional viene captando: críticos especializados ya comparan los vinos de la zona con productores boutique de Oregón y Nueva Zelanda.

Los destinos del producto patagónico se diversificaron en los últimos cinco años. Estados Unidos sigue siendo el mercado principal por volumen, pero China creció sostenidamente desde 2022, Alemania y Reino Unido consolidaron compras regulares de boutique, y mercados de nicho como Finlandia, Polonia y los países nórdicos están sumando posiciones. En América Latina, Brasil y Paraguay compran sostenidamente productos de gama media y media-alta.

Lo que arrastra al sector

El crecimiento sostenido del segmento orgánico es el dato menos publicitado y posiblemente el más estratégico. La producción orgánica y biodinámica patagónica creció 18% interanual en 2026, varias veces el ritmo del segmento convencional. Esto importa porque el consumidor europeo y estadounidense paga premium real por certificación orgánica —entre 15 y 30% por encima del vino convencional comparable—. Patagonia tiene la ventaja natural de que muchas de sus parcelas pueden certificarse orgánicas sin grandes inversiones de reconversión, gracias a la baja presencia de plagas y a la disponibilidad de agua de deshielo.

El otro factor que empuja es la integración del vino con el corredor turístico provincial. Las bodegas con bodega-restaurante y programa de visitas guiadas captan al turista nacional e internacional con tickets promedio considerablemente más altos que el ofertado en góndola. Es la lógica del wine tourism que Mendoza explotó a partir de los noventa, ahora replicada con identidad propia en el corte patagónico.

Lo que viene

El sector tiene tres frentes abiertos. El primero es la denominación de origen: la posibilidad de avanzar formalmente con DOC para Patagonia es una conversación que el Instituto Nacional de Vitivinicultura viene postergando pero que el sector necesita para defender el premium en mercados internacionales que reconocen ese sello. El segundo es el recambio generacional en algunas bodegas familiares, donde la segunda y tercera generación llega con perfil más comercial y orientado a exportación. El tercero es la logística refrigerada —el vino premium requiere cadena de frío que el corredor patagónico todavía no resolvió completamente— y que sigue siendo cuello de botella para alcanzar los volúmenes que el mercado podría absorber.

Si el sector resuelve esos tres temas, el polo del Chañar puede aspirar en la próxima década a un perfil exportador comparable al que la economía agroindustrial neuquina nunca tuvo: una segunda industria que combine valor agregado, marca de origen reconocible y demanda internacional sostenida. No es Vaca Muerta. Pero es exactamente la diversificación productiva que la provincia viene buscando.

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