Agroturismo en el Domuyo: el Neuquén que la provincia construye fuera del mapa de Vaca Muerta

El Encuentro Provincial de Agroturismo arma esta semana en el Centro Domuyo la oferta que junta estancias, productores, vitivinicultura y la Red de Salas de Elaboración. Detrás del evento, una pregunta más amplia: cómo diversifica Neuquén su economía sin depender solo del petróleo.

Santiago Montórfano
Santiago Montórfanohttps://neuquen21.com.ar
Neuquino. Politólogo recibido en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Conductor, productor y columnista político en medios de comunicación (Radio, TV y Prensa escrita). Creador del diario digital neuquen21.com.ar Un magazine digital dedicado a publicar las noticias más relevantes de la Provincia de Neuquén.

Hay un Neuquén que no aparece en los mapas de Vaca Muerta y que la provincia, despacio, está tratando de poner en valor. Esta semana se realiza en el Centro Domuyo, en el norte neuquino, el Encuentro Provincial de Agroturismo: dos jornadas de mesas técnicas y exposiciones que reúnen a productores, intendentes, académicos y operadores turísticos en torno a una pregunta incómoda y oportuna —¿cómo construye Neuquén una segunda pata económica que no dependa del petróleo?

La iniciativa la lidera el Ministerio de Turismo, Cultura y Ambiente de la provincia, en articulación con la Subsecretaría de Producción y la Universidad Nacional del Comahue. La consigna es operativa más que conceptual: identificar las cadenas productivas regionales —vitivinicultura, fruta fina, ganado caprino, olivícola, miel— que pueden integrarse al turismo rural y armar la oferta de agroturismo que hoy está dispersa.

Agroturismo Neuquén Domuyo: qué se está construyendo

El esquema que la provincia viene articulando descansa en tres engranajes. Primero, las estancias y establecimientos rurales que abren puertas a turistas con experiencias de cosecha, domada, esquila o producción artesanal. Hoy hay alrededor de 40 establecimientos relevados en todo Neuquén, concentrados en los departamentos del norte (Minas, Pehuenches, Ñorquín) y en el corredor andino.

Segundo, la Red de Salas de Elaboración Provincial: espacios habilitados donde productores chicos pueden agregar valor a su producto primario sin tener que invertir en infraestructura propia. Ya están operativas salas en Las Ovejas, Andacollo, Aluminé y Junín de los Andes, y la idea es duplicarlas hacia 2027. Cada sala se convierte en un punto de atracción turística adicional cuando opera con productores visibles.

Tercero, las ferias de productores, que la provincia viene formalizando con un calendario fijo. La Vendimia Neuquina, que se consolidó en los últimos dos años, fue el primer caso de éxito visible: la edición 2026 atrajo público de Buenos Aires, Mendoza y Chile, y los bodegueros locales reportaron ventas superiores a las de cualquier feria previa.

Por qué importa para la economía provincial

La narrativa pública de Neuquén está dominada por Vaca Muerta —y con razón, porque las regalías cubren la mitad del presupuesto provincial—. Pero el otro lado de la moneda es la dependencia: si el precio del Brent cae de USD 70 a USD 50 por un período prolongado, la provincia siente el ajuste con una velocidad que ningún plan B puede compensar a corto plazo.

La diversificación económica no es solo un eslogan. La fruticultura del Alto Valle, la pesca deportiva, el turismo invernal del corredor andino, la olivícola del norte —todas existen como sectores reales con miles de empleos directos— pero ninguna está sistémicamente conectada con el flujo de visitantes que atrae el ecosistema petrolero. El agroturismo es uno de los puentes posibles: alguien que viene a Añelo por trabajo o un técnico de Houston que pasa por Neuquén capital, son potenciales consumidores de fin de semana de Caviahue, Chos Malal o las bodegas de San Patricio del Chañar.

Lo que falta resolver

El sector reconoce dos cuellos de botella. El primero es de infraestructura caminera: muchos de los establecimientos rurales con potencial están sobre rutas provinciales en mal estado, intransitables en invierno. Mientras la inversión en rutas se concentre en los corredores del shale, los productores del norte van a seguir aislados del visitante urbano. El segundo es de marketing coordinado: cada productor promociona su finca como puede, pero no hay todavía una marca-paraguas tipo «Patagonia Argentina» o «Mendoza Wine Country» que ordene la oferta.

Leticia Esteves, ministra de Turismo y Ambiente, viene insistiendo en que la provincia necesita pensar el desarrollo turístico «como una industria, no como una postal». La frase suena a manual de gestión pero apunta a algo concreto: ordenar la oferta, profesionalizar la comercialización, sumar normas de calidad. Es lo que Mendoza hizo con el vino en los noventa y lo que Bariloche con el ski hace décadas.

Lo que viene

El encuentro de Domuyo no va a transformar la economía neuquina. Pero sí marca una dirección que vale la pena leer con atención. La provincia que en otros tiempos discutía solo regalías y producción de pozos hoy también discute cuántas estancias se pueden integrar a un circuito turístico, cómo formar guías rurales y qué denominación de origen le pone a sus quesos de cabra. Esa es una conversación de largo plazo que recién empieza, pero es la conversación que distingue a las economías que diversifican a tiempo de las que se quedan dependiendo de un solo recurso.

Para los próximos meses, hay tres cosas a seguir: el lanzamiento del portal único de agroturismo provincial, la próxima Vendimia Neuquina —edición 2027, ya anunciada— y el cronograma de obras del Plan Vial, que decide qué establecimientos rurales se conectan y cuáles siguen aislados.

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