¿Se puede hacer vino en la cordillera neuquina? Chimehuin Wines lo logra con una hectárea junto al Chimehuín

El viñedo de la Ruta 49, entre San Martín y Junín de los Andes, produce 2.500 litros de vino orgánico por año con cinco cepas que sobrevivieron a los ensayos del INTA. Este octubre arranca la guardia contra las heladas.

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Santiago Montórfano
Santiago Montórfanohttps://neuquen21.com.ar
Neuquino. Politólogo recibido en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Conductor, productor y columnista político en medios de comunicación (Radio, TV y Prensa escrita). Creador del diario digital neuquen21.com.ar Un magazine digital dedicado a publicar las noticias más relevantes de la Provincia de Neuquén.

Un viñedo de una hectárea produce vino a la vera de la Ruta 49, entre San Martín de los Andes y Junín de los Andes. Es un lugar donde casi nadie se anima a plantar una vid. Se llama Chimehuin Wines y este octubre entra en la etapa más tensa de su año: la guardia contra las heladas. Saca unos 5.000 kilos de uva por temporada, que se transforman en alrededor de 2.500 litros de vino. Es poco volumen, pero prueba algo que hace dos décadas parecía improbable: que la cordillera neuquina también puede dar vino.

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Quién está detrás del viñedo junto al Chimehuín

La propiedad la compró en 2010 James Patrick Kelley, un ciudadano estadounidense. Desde 2012 la administra Clara Rubio, ingeniera agrónoma. Ella encontró en la cordillera neuquina el lugar para concretar un proyecto de vida: vivir y producir en el campo. Pero la historia de las vides en ese suelo es anterior. Los ensayos arrancaron en 2004, junto con el INTA, para saber qué uvas resistían el clima de montaña.

Clara Rubio, ingeniera agrónoma, recorre las hileras de vides del viñedo junto al río Chimehuín
Clara Rubio administra el viñedo desde 2012. Entre octubre y abril, la rutina es la guardia contra las heladas, con el riego por aspersión como única defensa de los brotes.

La respuesta fue selectiva. De todas las variedades probadas, solo prosperaron cinco: Chardonnay, Sauvignon Blanc, Pinot Noir, Merlot y Malbec. El Riesling quedó afuera, porque en un clima tan extremo «se necesitan ciclo corto y madurez temprana». Es decir, uvas que broten tarde y maduren rápido, antes de que vuelva el frío. Esa selección define hasta hoy qué se puede embotellar y qué no.

Qué vinos salen de Chimehuin Wines

Con esas cinco cepas, Chimehuin Wines arma dos etiquetas. La primera es un blend tinto de reserva que combina Pinot Noir, Merlot y Malbec. La segunda es más reciente: un blend blanco en partes iguales de Chardonnay y Sauvignon Blanc. Además, toda la producción tiene certificación orgánica. La venta se concentra en vinotecas seleccionadas de San Martín y Junín de los Andes, y también por Instagram. No hay góndola masiva ni exportación: es un producto de escala chica, pensado para quien visita la zona o la sigue de cerca. Eso lo conecta con el turismo de la cordillera, que ya mueve gastronomía y productos regionales con identidad propia.

Visitantes degustan vinos en un stand con botellas durante una feria en un salón lleno de gente
Una masterclass de los Embajadores del Vino Neuquino en Vino a la Montaña. Chimehuin Wines, en cambio, vende sus dos blends orgánicos en vinotecas de San Martín y Junín de los Andes.

Heladas: el enemigo que no descansa de octubre a abril

El principal riesgo del proyecto no es el mercado sino el clima. «De octubre a abril estamos de guardia por si cae helada», resume Rubio. Es decir, casi toda la temporada de crecimiento transcurre en alerta. Cuando la temperatura baja de golpe, los brotes nuevos son los primeros en sufrir. Por eso la defensa depende del riego por aspersión, que protege los brotes del frío. Es un recurso que exige vigilancia y decisiones rápidas, sobre todo en primavera, cuando la vid ya despertó pero el invierno todavía no se fue del todo.

Una hectárea que abre una pregunta para la cordillera neuquina

El caso de Chimehuin Wines es chico en números, pero grande en lo que demuestra. Más de veinte años después de los primeros ensayos, la cordillera neuquina tiene un vino orgánico propio, con cepas adaptadas y una defensa contra heladas que funciona. Queda por ver si otros productores siguen ese camino y si la escala puede crecer sin perder el carácter artesanal. Mientras tanto, la próxima cosecha se juega ahora mismo, en estas noches de octubre en las que el termómetro decide cuánto vino habrá el año que viene.

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