Hace cuatro años, una estudiante avanzada de Ingeniería Electrónica entró a una oficina de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Comahue con una pregunta sencilla: quería un tema para su tesis. Salió con el encargo de diseñar el anteproyecto de un satélite. Así empezó el Pehuensat III, un cubo de 10 centímetros de lado que no debe superar el kilo de peso y que hoy avanza hacia su integración final. La historia la reconstruye el director del proyecto, el Dr. Marcelo Maraoz, en un artículo publicado en Neuquenia, la revista científica provincial que edita ANIDE, y difundido este sábado 24 de octubre por el Gobierno de Neuquén.
Un cubo de 10 centímetros que hereda el camino de 2007
El Pehuensat III no arranca de cero. Hereda el nombre y la tradición del Pehuensat I, el primer satélite universitario argentino, lanzado al espacio en 2007. Aquel aparato salió de la misma facultad, al final de un recorrido que había empezado tres décadas atrás. El nuevo satélite responde al formato cubesat, es decir, un estándar de satélites chicos armados en cubos de 10 centímetros que caben en la palma de una mano. Ese tamaño abarata el acceso al espacio y lo pone al alcance de una universidad pública. El equipo trabaja bajo la dirección de Maraoz y con el asesoramiento del Dr. Jorge Lassig, uno de los pioneros de la investigación espacial en la UNCo y protagonista de la primera misión. Lassig se sumó cuando los primeros planos trajeron preguntas que los estudiantes no podían responder solos.

La forma de trabajar importa tanto como el aparato. El proyecto propone aprender ciencia e ingeniería haciendo: diseñar, probar, equivocarse y volver a intentar. Según Maraoz, esa lógica explica por qué el grupo creció desde 2022 hasta hoy. También explica por qué la iniciativa dejó de ser una tesis individual para convertirse en un semillero de la universidad. Cada etapa del diseño abrió nuevas líneas de investigación dentro de la facultad.
El viaje a Innovar: sin premio, pero con ocho estudiantes nuevos
Con una idea todavía en construcción, el equipo decidió presentarse al concurso Innovar, en Buenos Aires. Necesitaban recursos y el certamen parecía una vía para conseguirlos. Viajaron con un proyecto incipiente y mucha confianza. No ganaron. Sin embargo, el regreso trajo algo distinto. «No ganamos premios, pero aprendimos mucho. Al volver a Neuquén se había corrido la voz y el primer día de regreso había ocho estudiantes en mi oficina pidiendo entrar al proyecto Pehuensat. Ganamos soñadores», cuenta Maraoz en el artículo. Esa ola de interés derivó en actividades de divulgación y en propuestas para acercar la tecnología espacial a estudiantes de toda la provincia, en una agenda que ya tiene lugar propio en la sección de tecnología e innovación neuquina.
Misión Domuyo: el satélite llega a las escuelas técnicas
Del satélite nació otra iniciativa, la Misión Domuyo. Es una propuesta pedagógica y tecnológica de la provincia que invita a estudiantes de escuelas secundarias técnicas y agropecuarias a diseñar, construir y probar prototipos vinculados con la tecnología espacial. El aprendizaje que empezó en una oficina de la UNCo baja ahora a las aulas del interior neuquino. Para una provincia que discute cómo diversificar una economía atada a Vaca Muerta, formar ingenieros con experiencia real en diseño espacial es un activo que no se mide en barriles. Además, ese tipo de formación técnica es la que después demanda el propio sector energético y productivo de la región.
Quedan preguntas abiertas, y las plantea el propio Maraoz: cómo se construye un satélite desde Neuquén, qué aprende una generación de ingenieros cuando diseña tecnología espacial y, sobre todo, qué falta para que el Pehuensat III llegue a la órbita. La respuesta a esa última pregunta define lo que viene. El equipo avanza hacia la integración final del aparato, aunque el artículo no fija una fecha de lanzamiento. El próximo paso es cerrar esa etapa; recién después se podrá hablar de órbita. Mientras tanto, la facultad ya confirmó algo concreto: la pregunta de una estudiante alcanzó para volver a poner a Neuquén en el mapa espacial argentino, casi 20 años después del primer Pehuensat.

