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Asientos vacíos en las combis que van y vienen de los yacimientos. Recorridos que se superponen sin que nadie los cruce. Viajes que se repiten porque dos contratistas coordinan por separado. La industria ya le puso nombre a ese desperdicio: son los kilómetros fantasma, y según un análisis difundido esta semana le cuestan a las operadoras de Vaca Muerta entre US$ 8 y 16 millones por año. Es plata que se va en el traslado de personal, un rubro que casi no aparece en los balances pero que mueve más de cien millones de dólares anuales.
Cuánto gasta Vaca Muerta en mover a su gente
El transporte de personal es uno de los costos más silenciosos de la cuenca. En total, la industria destina entre US$ 100 y 110 millones al año a llevar y traer trabajadores. Solo YPF, la mayor operadora del país, explica cerca de US$ 50 millones de esa cifra. Sobre esa base, la pérdida por ineficiencia equivale a una fracción de entre el 8% y el 15%. No es un número menor para un sector que mide cada dólar por barril. Además, compite por inversiones con otras cuencas del mundo que también ajustan costos.

El diagnóstico lo hizo Pont Solutions, una firma de tecnología aplicada a la logística. Su conclusión es simple: las flotas que todavía se coordinan por WhatsApp y planillas de Excel pierden entre el 8% y el 15% de su facturación mensual. Para un transportista neuquino que factura US$ 1 millón al año, eso significa resignar entre US$ 80.000 y US$ 150.000. Es decir, el equivalente a una o dos unidades nuevas que se evaporan en viajes sin pasajeros.
Quién termina pagando la pérdida
Lo más llamativo del problema es que no tiene un dueño claro. Facundo Rancaño, CEO de la compañía, lo resumió así: «Es plata que no paga nadie en particular, pero terminan pagando todos. La operadora absorbe el costo en la tarifa general». El transportista cobra por recorrido, aunque el vehículo viaje a medio llenar. La operadora paga la tarifa sin discriminar qué parte corresponde a kilómetros fantasma. Y el sobrecosto, al final, se diluye en el precio general del servicio. Nadie lo ve, pero todos lo financian.
Hay además un costo que no se mide en dólares. Cada combi de más en la ruta es tráfico innecesario en corredores ya saturados. Entre enero y mayo de 2025, las rutas hacia Vaca Muerta registraron 53 siniestros viales y 5 muertes, según los datos que recoge el mismo análisis. La saturación agrava el riesgo. Por eso, reducir viajes redundantes no es solo una cuenta de eficiencia: también baja la exposición de los trabajadores que pasan horas arriba de un vehículo. En Energía & Sociedad venimos siguiendo el impacto de ese tránsito sobre las rutas provinciales.
Qué cambia con la tecnología logística
La respuesta que propone el sector tecnológico es coordinar la flota con datos y no con mensajes sueltos. Plataformas que cruzan horarios, ocupación de asientos y recorridos permiten consolidar viajes antes de que la combi salga del garaje. También detectan superposiciones entre contratistas que hoy no se hablan entre sí. El potencial de ahorro es grande, porque la base de gasto ya supera los cien millones de dólares. Sin embargo, el cambio exige que operadoras y transportistas compartan información que hasta ahora cada uno manejó por su cuenta. En Tecnología & Innovación ese tipo de herramientas aparece cada vez más en la agenda de la cuenca.
Lo que viene ahora es una discusión de fondo sobre cómo se contrata el traslado de personal. Mientras la provincia avanza con la ampliación de la Ruta 67 para descomprimir el tránsito hacia los yacimientos, la industria tiene una oportunidad más barata y más rápida: dejar de pagar por asientos que nadie ocupa. Si las operadoras empiezan a exigir ocupación real en lugar de recorridos, los kilómetros fantasma van a dejar de ser invisibles. Hasta entonces, seguirán siendo uno de los pocos costos de Vaca Muerta que todos pagan y nadie reclama.

