En Ruca Choroy, un paraje cordillerano de la zona de Aluminé, Gabriel Abregú fabrica alfajores con harina de piñón, talla madera y teje al modo mapuche. Hasta hace poco era un conjunto de talleres familiares. Ahora es un negocio con marca propia —Abrazando Culturas Tienda— y un local de ventas en construcción. El salto llegó cuando el proyecto ganó Impacta Neuquén, el programa del ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano que combina capacitación, mentorías y aportes económicos que no se devuelven. El Gobierno provincial difundió el caso a fines de julio.
Para cualquier emprendedor del interior neuquino, la historia deja un dato de uso inmediato. El programa ya tiene una segunda etapa anunciada: Pluspetrol comprometió en junio $200 millones para nuevos proyectos, más 80.000 dólares destinados a fortalecer talleres artesanales de textil, madera, cerámica y platería ligados a la cultura mapuche. Es decir, la ventana que aprovechó Abregú sigue abierta, y el perfil que busca es exactamente el de los emprendimientos productivos de pueblos y parajes.
Del taller familiar al local propio
El emprendimiento elabora alimentos con harina de piñón —el fruto del pehuén, molido—, artesanías en madera y tejidos mapuche. La madera se recolecta en la orilla del lago y en el bosque, sin cortar plantas, según contó el propio emprendedor en la difusión oficial del Gobierno de Neuquén. Con el apoyo del programa incorporó equipamiento para aumentar la producción de harina. También construye un local pensado como punto de venta para el turismo que pasa por la zona, con una cocina en el sector posterior que prevé inaugurar en noviembre.

Cómo funciona el programa
Impacta Neuquén combina tres herramientas: cursos de gestión, mentores que acompañan a cada proyecto y aportes no reintegrables, es decir, dinero que no hay que devolver. En su primera edición premió a 15 emprendimientos con $14 millones cada uno, una inversión total de $210 millones, con asistencia técnica de la Fundación Empretec. Se define como un programa de triple impacto: los proyectos tienen que generar resultados económicos, sociales y ambientales a la vez. Abrazando Culturas figuró entre los ganadores de esa tanda.
El componente menos visible es el que Abregú más valora. «Nos ayudó a crecer muchísimo, sobre todo a romper estructuras en nuestra mente», resumió sobre las mentorías. Su experiencia marca dónde suele estar el cuello de botella de los proyectos del interior: no en el producto, sino en la gestión. Abregú arrancó dando talleres y no se veía como empresa; el acompañamiento lo llevó a ordenar producción, equipamiento y un canal de venta estable.
Qué mirar si tenés un proyecto en el interior
La lección práctica del caso es concreta. Primero, la identidad cultural puede ser la base del negocio y no un adorno: el piñón, la madera y el tejido son la materia prima, y el turismo que circula por la cordillera es el canal de venta. Segundo, el financiamiento existe y tiene nombre: la segunda etapa de Impacta Neuquén ya cuenta con fondos comprometidos, con foco declarado en oficios artesanales ligados a la cultura mapuche. Para un emprendedor de un paraje sin acceso a crédito bancario, un aporte que no se devuelve más un mentor que ordena el negocio es una combinación difícil de conseguir por otra vía. El local de Ruca Choroy, si abre su cocina en noviembre como está previsto, va a ser la prueba a la vista de que el modelo funciona.
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