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Desde el piso 26 de la Torre YPF, en Puerto Madero, un grupo de ingenieros sigue en vivo los pozos de la cuenca neuquina. Están a más de mil kilómetros de los equipos que supervisan. Esa sala de control es el corazón de una apuesta que la petrolera acaba de renovar. YPF y la tecnológica Corva profundizaron esta semana su alianza para llevar más datos e inteligencia artificial a la perforación y terminación de pozos. Según informó la compañía, la meta es reducir tiempos improductivos, anticipar riesgos y mejorar en tiempo real el desempeño de los equipos. La inteligencia artificial en Vaca Muerta deja así de ser un ensayo: pasa a formar parte de la operación diaria.
Qué firmaron Marín y Corva
La renovación quedó formalizada en un encuentro entre Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, y Dharmesh Mehta, Executive Chairman de Corva. Para la petrolera, las herramientas digitales ya son parte central de su estrategia para bajar costos y acortar los plazos de construcción de nuevos pozos. El punto es económico antes que tecnológico. En el shale, la escala y la productividad definen la rentabilidad. Por eso cada hora improductiva durante la perforación o la fractura pesa directo sobre el resultado del negocio. La plataforma de Corva reúne en un mismo entorno la información de perforación, fractura e intervenciones. Así, los técnicos pueden analizar cada operación mientras está sucediendo, no después.

Un centro de control a mil kilómetros de los pozos
La pieza central del esquema es el Real-Time Integration Center (RTIC), el centro que YPF montó en Puerto Madero para concentrar la supervisión de perforación, workover y terminación. Funciona las 24 horas, los siete días de la semana. Allí trabajan 88 profesionales repartidos en siete unidades operativas. Cinco se dedican a la perforación y siguen los 20 equipos de torre que trabajan en Vaca Muerta. Otras dos se enfocan en terminación y pueden monitorear hasta ocho sets de fractura al mismo tiempo. La infraestructura recibe millones de datos por jornada y procesa cientos de variables. Eso permite detectar desvíos casi en simultáneo y decidir si hace falta intervenir.
La conectividad también fue clave en esa evolución. La incorporación de Starlink redujo los tiempos de transmisión desde el campo, mientras que las cámaras instaladas en los yacimientos aportan una visión directa de cada locación. El cambio de fondo es de modelo: pasar del monitoreo a la intervención. Con datos estructurados y actualizados, los especialistas identifican patrones, anticipan situaciones de riesgo y deciden más rápido. La inteligencia artificial en Vaca Muerta agrega una capa nueva sobre esa base. Según precisó YPF, la hoja de ruta incluye analítica predictiva, sistemas de alertas y asesores digitales para asistir a los profesionales frente a distintas situaciones operativas.
Copilotos digitales y operaciones autónomas
El paso siguiente son los llamados copilotos digitales y agentes de software, pensados para automatizar tareas repetitivas y colaborar con los equipos de campo. El objetivo, aclaró la compañía, no es solo procesar más información. Es usarla para responder mejor ante los problemas que afectan los tiempos y los costos de construcción de los pozos. El horizonte declarado por YPF y Corva es avanzar hacia operaciones progresivamente autónomas. En ese escenario, el RTIC busca consolidarse como la plataforma donde convergen personas, procesos, datos y herramientas de inteligencia artificial. Es un salto de escala respecto de los primeros tableros de monitoreo, aunque la distancia entre el escritorio y el pozo sigue siendo la misma.
Lo que viene
Para YPF, la apuesta tiene una urgencia concreta: sus planes de aumentar la escala de producción en la cuenca. Más actividad exige pozos construidos en menos tiempo, con costos controlados y sin resignar seguridad ni confiabilidad. Los próximos meses van a mostrar si la promesa se traduce en indicadores: menos horas improductivas por pozo, menos días de torre y fracturas más previsibles. También queda por ver cómo la inteligencia artificial en Vaca Muerta reconfigura el trabajo en las locaciones, cuando parte de las decisiones se toma desde una torre en Buenos Aires. Ese equilibrio entre el centro de control y el campo es la prueba que la alianza tiene por delante.

