En Auquinco, el agua llega por una manguera negra que se tapa con cualquier hoja o rama. Morelia, una de las primeras pobladoras del paraje, sale a destaparla incluso de noche, con una linterna. A veces vuelve a su casa y ya no sale ni una gota. Esa rutina tiene los días contados. El Gobierno provincial informó este domingo que avanza la obra que garantizará por primera vez agua potable en Auquinco. El paraje queda cerca de Buta Ranquil, en el norte neuquino. Allí viven más de 40 familias que hasta hoy toman agua sin tratar.
Una inversión de $1.225 millones con crédito de la CAF
La obra supera los $1.225 millones. Se financia con un crédito que la Provincia gestionó ante la CAF, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe. La ejecuta la Upefe, la unidad provincial que administra los proyectos con financiamiento externo, y la inspecciona el EPAS, el ente de agua y saneamiento. Según el Gobierno, el gobernador Rolando Figueroa la priorizó dentro de su agenda de infraestructura hídrica. Para un paraje tan chico, no es una intervención menor.

El sistema arranca con una nueva toma de agua y un acueducto de alimentación. Después siguen las tanquillas rompecarga, es decir, cámaras que frenan la presión del agua en los tramos con pendiente. El recorrido termina en un tanque de reserva, una sala de cloración y la red de distribución con conexiones domiciliarias. El sistema de agua potable en Auquinco también incluye un cerco perimetral en la zona de captación. La valla impide que entren animales sueltos y protege la calidad del agua. Para cuidar el entorno natural, las excavaciones se hicieron a mano y con herramientas livianas, sin maquinaria pesada.
Cómo se abastecía el paraje hasta ahora
Hasta ahora, los vecinos captaban agua cruda directamente de la turbina de la microcentral del EPEN, la pequeña hidroeléctrica que abastece de energía al paraje. El agua no recibía tratamiento ni cloración. Tampoco había un tanque de reserva, y la red precaria no llegaba a todos los hogares. Por eso muchas familias organizaban el día en torno a una pregunta: cuándo y cuánta agua habría. Morelia lo cuenta sin vueltas. Es “muy triste”, dice, salir a hacer sus cosas y “llegar a la casa y que no haya una gota de agua”. Entonces hay que dejar todo e ir a buscarla, porque “sino no tenemos agua y nos morimos de sed”.
Qué cambia para las 40 familias
Disponer del recurso las 24 horas cambia la vida diaria del paraje. Significa cocinar, higienizarse y cuidar a niños y adultos mayores sin depender de horarios ni acarreos. Además, el agua llegará clorada y controlada, lo que reduce el riesgo de enfermedades de origen hídrico. El tanque de reserva suma previsibilidad, porque sostiene el suministro aunque la captación varíe. La ministra de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales, Leticia Esteves, enmarcó la obra en una política más amplia de la gestión provincial. “Estamos invirtiendo en infraestructura para resolver problemas que en muchos lugares llevan décadas esperando una respuesta”, sostuvo. Gestionar el agua, agregó, también es mejorar la calidad de vida, fortalecer el arraigo y permitir que las familias y el sector privado se proyecten en cada rincón de la provincia.
Lo que viene ahora es completar la red y las conexiones domiciliarias para que el servicio quede en marcha. Cuando eso ocurra, el agua potable en Auquinco dejará de ser un reclamo de décadas y pasará a ser un servicio formal, continuo y garantizado. Para Morelia, ver el avance de los trabajos ya es un cambio. “Fueron muchos años de espera y pelea para poder ser escuchados por el gobierno”, resumió. El detalle de la obra figura en el parte oficial del Gobierno provincial, difundido este domingo 11 de octubre.

