En las cumbres del norte neuquino, entre viento, nieve y radiación, crecía una planta que nadie había clasificado. Ahora tiene nombre: Leucheria meloorum. Dos botánicos de la UBA y el Conicet la describieron como una nueva especie en el Domuyo y el Wayle, los dos macizos volcánicos donde fue hallada. La provincia difundió el hallazgo este miércoles 7 de octubre. Según los investigadores, la planta no existe en ningún otro lugar del mundo.
Quién la encontró y cómo
El trabajo lleva la firma de Juan Felipe Horton y Pablo Picca, del Laboratorio de Sistemática y Biología Reproductiva de Plantas Vasculares del Instituto de Micología y Botánica (Inmibo), que depende de la UBA y del Conicet. Los dos científicos trabajaron con autorización de la Dirección General de Áreas Naturales Protegidas de Neuquén. Primero colectaron ejemplares para herbario en ambos sectores. Después analizaron sus características y confirmaron que no coincidían con ninguna especie conocida. El paso final fue la descripción científica, publicada en una revista especializada con revisión de pares. El artículo es de acceso libre, así que cualquiera puede consultarlo sin pagar.

Una planta en forma de cojín a 2.900 metros
La nueva especie en el Domuyo crece entre los 2.550 y los 2.900 metros sobre el nivel del mar. A esa altura el clima no perdona: hay vientos fuertes, nevadas y una radiación solar muy intensa. La planta sobrevive gracias a un crecimiento compacto, en forma de cojín, que la protege de esas condiciones. A simple vista parece una más entre la vegetación de alta montaña. Sin embargo, esa forma es el resultado de una larga adaptación a un ambiente extremo. Es, además, una especie endémica: hasta ahora solo fue registrada en los volcanes Domuyo y Wayle.
Por qué importa el hallazgo
El dato más relevante es ese carácter endémico. Una planta que solo vive en dos cerros del norte neuquino aporta una pieza nueva para entender la biodiversidad de la zona. También vuelve a poner la mirada sobre el Domuyo, un territorio conocido por su geología y sus paisajes, pero cuya flora todavía guarda especies sin describir. Es la misma montaña que la provincia promueve como destino en la agenda de turismo del norte neuquino. Ahora suma un argumento científico a ese atractivo.
La ministra de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales, Leticia Esteves, destacó el vínculo entre las áreas protegidas y el sistema científico. “Conocer es también una forma de cuidar”, señaló. La Dirección General de Áreas Naturales Protegidas autoriza investigaciones de distintos centros de estudio para generar información sobre la biodiversidad neuquina. Esa información sirve luego como herramienta de conservación, un eje que la provincia viene trabajando en su política de ambiente y sociedad.
Lo que viene
La nueva especie en el Domuyo deja una pregunta abierta: cuántas otras formas de vida siguen sin nombre en esas alturas. Los propios investigadores plantean que en esos ambientes todavía puede haber especies por descubrir. Mientras tanto, Leucheria meloorum ya integra el registro de la ciencia, con lugar y nombre propios. El próximo paso depende de nuevas campañas de campo en los macizos volcánicos del norte. Para la ciencia regional, el mensaje es claro: donde parecía haber solo roca y nieve, hay más de lo que se ve.

