Elaborar un dulce o una conserva en la cocina de casa es fácil. Venderlos de manera legal, en cambio, exige una cocina habilitada que casi ningún pequeño productor puede pagar. Esa es la brecha que busca cerrar la sala de elaboración de alimentos de San Patricio del Chañar. La obra ya tiene un 42,5% de avance, según el parte oficial difundido este viernes 2 de octubre. Se levanta con materiales de la petrolera Pluspetrol, mano de obra del municipio y asistencia técnica del Centro PyME-ADENEU.
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Quién aporta qué en la obra
El reparto de tareas lo explicó el propio intendente, Gonzalo Núñez, después de recorrer el pabellón. «Pluspetrol es quien aporta los materiales, el municipio la mano de obra y el Centro PyME viene supervisando y asesorando», resumió. La primera etapa es un pabellón de 190 metros cuadrados con la infraestructura necesaria para producir alimentos. Para la empresa, el proyecto entra en su política de responsabilidad social. Para el municipio, es una forma de retener en la localidad el valor que hoy se pierde cuando la producción primaria se vende sin procesar. «La idea nuestra es siempre acompañar al productor primario que genera ese valor agregado a cada producto», dijo Núñez.

Para qué sirve una cocina habilitada
El objetivo es que emprendedores de la localidad y de zonas aledañas tengan un espacio que cumpla las normas de higiene y seguridad alimentaria. Es decir, una cocina con habilitación municipal y provincial donde se puedan elaborar productos aptos para la venta. Sin ese requisito, muchos elaboradores quedan afuera de los comercios y de las ferias formales. Una sala de elaboración de alimentos compartida resuelve ese problema para varios productores a la vez. Para Mauro Schreiber, líder de Responsabilidad Social de Pluspetrol Argentina, «esta sala va a ser muy importante para el productor local» y para el desarrollo de las economías regionales.
Capacitación y habilitaciones: el rol del Centro PyME-ADENEU
La obra es solo una parte. El Centro PyME-ADENEU, que depende del Ministerio de Economía, Producción e Industria, acompaña con asistencia técnica en condiciones higiénico-sanitarias y en las habilitaciones municipales y provinciales. Además, hay un plan de capacitaciones para los elaboradores. Los temas son manipulación segura de alimentos, rotulado, estructura de costos y estrategias de marketing. De la recorrida participaron Anabel Lucero Idizarri, gerente general del organismo, y Marcia Lagos, referente del área de valor agregado a la producción primaria. El esquema apunta a que el productor no solo tenga dónde cocinar, sino que también sepa cuánto le cuesta cada frasco y cómo venderlo. Es el mismo criterio que la provincia aplica en otros programas de desarrollo local.
Lo que viene para El Chañar
Lo que viene ahora es terminar el 57% restante y conseguir las habilitaciones para abrir las puertas. Cuando eso ocurra, la sala de elaboración de alimentos de San Patricio del Chañar funcionará como espacio comunitario, no como emprendimiento individual: la idea es que varios productores compartan la misma cocina. El esquema de financiamiento mixto —petrolera, municipio y Estado provincial— sirve también como prueba para otras localidades de la cuenca que buscan convertir parte de la renta de Vaca Muerta en economía local. El dato a seguir no será solo el porcentaje de avance, sino cuántos elaboradores logran vender un producto rotulado y habilitado desde El Chañar.

