Río Negro quiere que la salida de Vaca Muerta al Atlántico tenga también una puerta comercial propia. El gobernador Alberto Weretilneck lo anunció esta semana en la Argentina Week de París. La provincia licitará internacionalmente la Zona Franca de Punta Colorada antes de fin de año. La concesión durará 30 años, prorrogables por otros diez, y exigirá una inversión mínima de US$ 10 millones. Es la señal más concreta hasta ahora de que Río Negro no se conforma con ser territorio de paso para el crudo y el gas. Además quiere quedarse con una parte de la cadena de proveedores.
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Qué se licita y qué puede funcionar ahí
El predio está cerca de Sierra Grande, en la zona donde desembocará el oleoducto VMOS y donde se proyecta la planta de GNL. Según el anuncio, la zona franca apunta a actividades industriales, logísticas y de servicios ligadas al comercio exterior. La idea es que funcione como plataforma para cadenas productivas, pymes y proveedores de los proyectos energéticos. Una zona franca es un recinto con régimen aduanero especial. La mercadería que entra, se procesa o se guarda ahí no paga los tributos del resto del país. Solo los paga cuando sale al mercado interno. Por eso resulta atractiva para quien arma, repara o almacena equipos destinados a la exportación o a obras de gran escala.

Weretilneck puso el acento en el empleo y en los contratistas de la región. «Estos proyectos necesitan un componente social: empleo local y desarrollo de proveedores locales», dijo ante los inversores reunidos en París. También apuntó a la previsibilidad, el reclamo más repetido del capital extranjero. «Nuestro principal compromiso es la confianza: que quienes miren a la Argentina sepan que lo acordado se cumplirá», sostuvo. El mensaje busca despejar una duda que acompaña a cada gran proyecto. ¿El derrame se queda en el territorio o se va con los contratistas de afuera?
La pulseada con la Zona Franca Zapala
El anuncio tiene una lectura inmediata desde Neuquén. La Zona Franca de Punta Colorada compite de manera directa con la Zona Franca Zapala, la apuesta neuquina para radicar depósitos, talleres y servicios vinculados a Vaca Muerta. Las dos provincias corren detrás del mismo objetivo. Quieren que las empresas que trabajan en la cuenca instalen su logística de su lado del límite. Zapala tiene a favor la cercanía con los yacimientos. Punta Colorada, en cambio, juega la carta del mar: la terminal de salida del crudo, el oleoducto y la futura planta de GNL.
Conviene leer el anuncio desde el lugar en que se hizo. Weretilneck habla desde el interés de Río Negro, una provincia asociada hasta ahora al tránsito de la producción más que a la industria que la rodea. Con la zona franca intenta cambiar esa ecuación y capturar valor agregado antes de que el petróleo se suba al barco. Para las pymes neuquinas el tablero se complica, aunque también se amplía. Un proveedor de Añelo o de Cutral Co puede evaluar, desde ahora, dos regímenes promocionales distintos para instalar su base en la región. Esa competencia, mientras no se convierta en una guerra de subsidios, suele mejorar las condiciones para quien invierte.
Plazos, condiciones y lo que falta definir
Los datos duros del anuncio son tres. La licitación será internacional y se lanzará antes de fin de año. La concesión tendrá una duración inicial de 30 años, con una prórroga posible de diez más. Y el piso de inversión exigido será de US$ 10 millones. Falta conocer el pliego, el cronograma de ofertas y qué grupos tienen interés en operar el predio. El gobierno rionegrino todavía no difundió esos detalles. Lo que sí quedó claro es el calendario: la licitación de la Zona Franca de Punta Colorada estará en marcha antes de que arranque 2027. Para Neuquén, el reloj corre igual. La competencia por los proveedores de Vaca Muerta ya no se juega solo en Añelo, sino también en la costa atlántica.

