Hay una mitad de la clase media argentina que el sistema bancario no ve. Trabajan, ganan, tienen historial laboral, pero su recibo de sueldo no entra en la grilla automatizada de scoring que los bancos privados usan para aprobar hipotecas. Personas con ingresos formales pero variables —empleadas domésticas registradas, jubilados con haberes mínimos, trabajadores temporarios del sector petrolero, comerciantes monotributistas con buenos números pero mala posición en Veraz— quedan afuera del crédito hipotecario tradicional incluso cuando tienen capacidad real de pago. El gobernador Rolando Figueroa está preparando, según fuentes cercanas al Ejecutivo, un anuncio de un nuevo programa provincial dirigido específicamente a ese segmento.
La iniciativa es la segunda capa del cluster Neuquén Habita. La primera línea —los créditos hipotecarios de hasta $150 millones para construir y $75 millones para ampliar, lanzados el 8 de mayo— apunta a la clase media bancarizada que tiene escritura, historial crediticio y capacidad de presentar garantías. El nuevo programa, en cambio, está diseñado para llegar a los hogares que la primera línea estructuralmente excluye.
Quiénes están afuera del crédito tradicional en Neuquén
El diagnóstico empírico es duro. La cuenca neuquina está en pleno boom económico —Pampa Energía facturó USD 325 millones de rentabilidad en el primer trimestre, Chevron comprometió USD 10.000 millones bajo RIGI, las regalías financian la mitad del presupuesto provincial— pero esa abundancia macro no se traduce automáticamente en acceso al crédito hipotecario para familias trabajadoras. Los bancos privados nacionales aplican criterios de scoring uniformes para todo el país, y el perfil del trabajador del Alto Valle —empleado del sector petrolero con bonificaciones variables, contratista temporario, comerciante de Plottier o Cipolletti con facturación estacional— no encaja bien en esos criterios.
El resultado: aún en la provincia con más circulación de capital privado por kilómetro cuadrado del país, el acceso a vivienda propia sigue siendo difícil para una porción significativa de la clase media trabajadora. Quienes lograron comprar lo hicieron en su mayoría con ahorro acumulado, herencias, o créditos UVA tomados antes de la crisis de 2018-2019. Para quienes ingresan al mercado hoy, la combinación tasa-cuota de los bancos privados es prohibitiva incluso con buenos sueldos.
Cómo se complementa con la primera línea de Neuquén Habita
El cluster habitacional provincial queda armado en dos niveles que no compiten sino que se complementan. La primera línea, ya operativa con inscripción online en la oficina virtual del ADUS/IPVU, atiende a quien tiene escritura del lote, ingresos formales estables y capacidad de presentar garantías. Es la línea más «tradicional» en términos de operatoria bancaria pero con tasas y plazos ajustados a las posibilidades de la clase media neuquina.
El nuevo programa, según fuentes cercanas al Ejecutivo, atendería a tres perfiles que la primera línea no alcanza: quienes no tienen escritura del lote pero pueden regularizar dominio con asistencia provincial; quienes tienen ingresos variables o monotributistas que no califican en scoring bancario tradicional; y quienes están en Veraz o reportes negativos por situaciones puntuales que no reflejan capacidad actual de pago. Cada una de las tres fricciones requiere herramientas distintas: regularización dominial para los primeros, criterios de evaluación alternativos para los segundos, y mecanismos de garantía cruzada o aval estatal para los terceros.
Lo que va a definir si el programa funciona
La diferencia entre un programa social que efectivamente entrega vivienda y uno que queda en anuncio de prensa se juega en tres variables operativas. El volumen de cupos: si arranca con 500 familias por año, el impacto es marginal; si lo hace con 5.000, marca una diferencia visible en la curva de acceso. El criterio de selección: cómo se prioriza, qué prevalece —ingreso, antigüedad familiar, situación habitacional actual, composición del grupo familiar—. La velocidad de ejecución: cuánto tiempo pasa desde la inscripción hasta el primer desembolso.
La primera línea de Neuquén Habita arrancó hace dos días con esos tres parámetros relativamente bien calibrados. Para el segundo programa, la complejidad operativa es mayor: trabajar con perfiles que el sistema bancario tradicional no procesa requiere mecanismos de evaluación más finos —probablemente con asistentes sociales, evaluación de capacidad de pago real, garantías colectivas— y eso encarece y demora cada operación individual. Si la provincia logra resolver esa complejidad sin que el programa se convierta en una burocracia inalcanzable, captura un segmento que ningún otro estado provincial argentino atiende sistemáticamente.
El timing político
Para la administración Figueroa, el programa vivienda para no bancarizados tiene también lectura electoral. Neuquén entra al año pre-electoral provincial con la agenda dominada por inversiones de Vaca Muerta —Chevron, Pampa Energía, JP Morgan, VMOS, Argentina LNG—. El riesgo político es que ese discurso del boom se perciba como exclusivo del sector empresarial extranjero o de la clase media bancarizada, dejando afuera a la base electoral más masiva. Un programa de vivienda dirigido específicamente a quienes el sistema tradicional no atiende puede ser una pieza concreta de mejora visible para la clase media trabajadora, justo el segmento que define elecciones provinciales.
Las próximas semanas van a aclarar términos finos. Los datos que conviene mirar cuando se concrete el anuncio: cupos por localidad, criterios específicos de elegibilidad, plazo entre inscripción y primer desembolso, mecanismos de regularización dominial provistos. Si esos cuatro datos están bien resueltos, Neuquén estaría a punto de tener uno de los programas habitacionales más ambiciosos del país. Si quedan en grandes promesas con poca operatoria efectiva, el programa va a ser declarativo más que transformador.
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