Quien recorra hoy la traza que va de Añelo a la costa rionegrina ve un paisaje que hasta hace dos años parecía improbable: un oleoducto de 437 kilómetros que cruza la estepa patagónica y termina en el Atlántico Sur. El proyecto Vaca Muerta Oleoducto Sur —VMOS para la industria— alcanzó el 58% de avance físico y el consorcio liderado por YPF ya proyecta el primer cargamento desde Punta Colorada para diciembre de 2026. Faltan siete meses. Y la economía argentina se prepara para uno de los hitos exportadores más esperados de la década.
El número fino del proyecto resume su escala. USD 3.000 millones de inversión, capacidad inicial de 180.000 barriles diarios que escala a 550.000 bpd hacia 2028, y un consorcio de siete operadoras que reúne a casi todas las super-majors y las grandes argentinas de la cuenca: YPF como operador, junto a Pan American Energy, Vista Energy, Pampa Energía, Chevron, Shell y Pluspetrol. La aprobación bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) en marzo último selló los términos fiscales y cambiarios para los próximos 30 años.
Por qué VMOS es la pieza que faltaba
El cuello de botella histórico de Vaca Muerta no fue nunca la roca, sino la salida. La cuenca neuquina puede producir crudo en volúmenes crecientes, pero la infraestructura para evacuar esa producción siempre corrió detrás. Sin VMOS, los anuncios recientes de inversión en upstream —la apuesta de USD 10.000 millones de Chevron al RIGI, los USD 12.000 millones que Pluspetrol comprometió en Bajo del Choique, los USD 6.900 millones de Pampa Energía— quedan colgados sobre una capacidad de transporte insuficiente. El oleoducto Allen-Puerto Rosales del sistema Oldelval llegó a su límite hace meses.
VMOS es la solución estructural. Y dentro del paquete logístico que cambia la cuenca, viaja en paralelo con dos hitos que conviene leer juntos: el régimen especial para Argentina LNG que el gobierno provincial enviará a la Legislatura este mes, y el canje de áreas que vincula obras viales en las rutas 7 y 22 con la cesión de bloques de Pluspetrol a YPF. Tres movimientos que destrabados conjuntamente convierten a Vaca Muerta de una promesa en una operación exportadora industrial.
Lo que sale por Punta Colorada
El cronograma del primer cargamento es ambicioso pero alcanzable. Con avance al 58% en mayo, faltan cinco meses de obra civil mayor, dos de instalación de la cabecera marítima en Punta Colorada, y un mes de pruebas de carga antes de despachar el barco inaugural. La capacidad inicial de 180.000 bpd cubre el upside inmediato de los planes que las operadoras ya tienen aprobados internamente para 2027.
El salto a 550.000 bpd previsto para 2028 implica obras de ampliación complementarias —segunda traza paralela en algunos tramos, plantas de bombeo adicionales, ampliación de capacidad portuaria— que YPF ya tiene en mesa de ingeniería. La conversación corporativa es si esa segunda fase se cofinancia con los mismos socios o si entran nuevos jugadores aprovechando la maduración del régimen.
Los siete socios: el mapa del poder
El consorcio VMOS es un retrato instantáneo de quién manda en la cuenca. YPF opera el ducto y aporta peso institucional. Pan American Energy trae capacidad financiera del grupo Bulgheroni y el alineamiento estratégico de BP. Vista Energy es la apuesta del management argentino encabezado por Miguel Galuccio. Pampa Energía aporta su rentabilidad operativa creciente —reportó USD 325 millones en el primer trimestre de 2026, 48% por encima del año anterior— y suma volumen desde Rincón de Aranda. Chevron, Shell y Pluspetrol completan el cuadro con la triple combinación de capital extranjero, expertise técnico y presencia operativa.
El reparto accionario fino del consorcio no se hizo público, pero la lectura de mercado es que YPF mantiene el control mayoritario y que las super-majors usan VMOS como vehículo para escalar volumen exportable sin tener que armar infraestructura propia.
Lo que cambia para Neuquén
Para la provincia, el primer cargamento de diciembre marca el inicio de un nuevo ciclo de regalías. Cada barril que sale por Punta Colorada en lugar de venderse al mercado interno paga regalías a precio internacional, no al precio doméstico históricamente subsidiado. La diferencia entre los dos precios —USD 12 a 18 por barril en los últimos 24 meses— se traduce directamente en recaudación adicional para la provincia y para el sistema previsional provincial.
El otro impacto es de empleo. La fase de construcción ya generó miles de puestos directos e indirectos en localidades como Allen, Cipolletti, Plaza Huincul y la propia Añelo. La fase operativa, una vez en marcha, sostiene cientos de puestos calificados —operadores, técnicos electromecánicos, especialistas en seguridad de procesos— y demanda ingeniería de alta especialización que las universidades regionales empezaron a producir a través de carreras nuevas.
Los riesgos del último tramo
Faltan siete meses y dos clases de riesgo siguen abiertos. El primero es operativo: las obras finales de la cabecera marítima son técnicamente las más complejas del proyecto y dependen de cronogramas de proveedores especializados internacionales. El segundo es político-regulatorio: el sistema de despacho exportador en Argentina no tiene experiencia previa en operaciones de este volumen, y la normativa fina —cómo se liquidan divisas, cómo se aplican retenciones, qué pasa con las regalías provinciales sobre exportaciones por VMOS— sigue ajustándose en mesa de Economía y de la Secretaría de Energía.
El consorcio empuja para que esa normativa quede cerrada antes del primer despacho. Si todo encastra, en diciembre Neuquén deja de ser solo una promesa de Vaca Muerta y se convierte en una operación exportadora real, con barcos, contratos y precios internacionales. Es la diferencia entre el plano y el primer cargamento.
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