Hay un momento en la vida de un emprendedor de alimentos que define si el proyecto va a escalar o va a quedarse siendo un hobby con boca de obra. Es el momento en que el producto sale de la cocina propia y entra a una góndola. Para que eso ocurra hace falta un certificado que diga, con respaldo técnico, que lo que se elabora es apto para el consumo. Esta semana, cuatro emprendedores neuquinos llegaron a ese momento.
La Municipalidad de Neuquén entregó certificados de habilitación a elaboradores que pasaron por el proceso de la sala de elaboración municipal — un espacio compartido, equipado y habilitado donde emprendedores pueden producir alimentos con estándares que el mercado formal exige.
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