Un laboratorio universitario de Córdoba quiere sumar sus dinosaurios animatrónicos al mapa de Vaca Muerta. Al frente está Hugo Pailos, ingeniero electrónico y docente de la Universidad Nacional de Córdoba y de la Universidad Tecnológica Nacional. Semanas atrás participó del encuentro Impulsamos Vaca Muerta y tomó contacto con empresas que operan en Añelo y Rincón de los Sauces. Según contó esta semana en una entrevista, esa visita le abrió una puerta concreta: unir la robótica con el patrimonio fósil de la cuenca neuquina.
De Star Wars a los dinosaurios robot
La historia arranca en un cine, cuando Pailos tenía 14 años. Salió de ver Star Wars fascinado por los robots de la saga. “Fue un impacto muy grande esa película”, recordó. Ese día definió su vocación, aunque el camino tuvo un desvío. Descartó la paleontología porque lo atraían más la mecánica y el control de sistemas. Por eso eligió Ingeniería Electrónica. “Mi norte era poder hacer dinosaurios”, resumió. Hoy dirige un laboratorio pequeño en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba, dedicado a fabricar dinosaurios robot para parques y museos.

Qué pasa cuando aparece un fósil en un yacimiento
El interés por la región no es casual. Neuquén y Río Negro concentran un patrimonio paleontológico de enorme valor, con rocas del Mesozoico, la era en la que vivieron los dinosaurios. Además, buena parte de la actividad petrolera se desarrolla sobre esos mismos suelos. Una ley nacional obliga a declarar de inmediato cualquier hallazgo de huesos o huellas. El objetivo es que paleontólogos y geólogos acudan rápido para evaluar la pieza. “Todo tiene valor en Argentina”, explicó Pailos, y en las zonas donde vivieron los dinosaurios ese valor es todavía mayor.
Ahí aparece su propuesta para las empresas del sector, que va por dos vías: la paleontología y la ingeniería aplicada. Su equipo puede identificar el hallazgo junto a los paleontólogos asociados y, después, fabricar una réplica con movimiento. Los dinosaurios animatrónicos son justamente eso: reconstrucciones que combinan ingeniería con arte, imaginación y creatividad, según describió. El proceso reúne a paleontólogos, geólogos e ingenieros, y termina con la programación de cada pieza. “A veces mi equipo me deja programarlos. La gente más joven programa mucho mejor que uno”, bromeó.
Robótica e inteligencia artificial para reconstruir el pasado
Las disciplinas de base tecnológica —robótica, modelado 3D e inteligencia artificial— están cambiando la manera de reconstruir y divulgar la paleontología. Pailos ve ahí una oportunidad inédita. “Es posible saber qué hay a una altura bajo el basamento terrestre”, señaló. Pero también puso un límite claro: la tecnología simplifica tareas y no reemplaza al conocimiento científico. “Siempre están las personas que van a tener que decidir de nuevo cómo es la especie, qué largo tenía, la morfología final”, cerró.
El desafío ahora es sostener los lazos que dejó el paso por Añelo y Rincón de los Sauces. “Hicimos lazos que, de otra forma, es imposible si no estás en el lugar”, reconoció el ingeniero. Si esos contactos prosperan, los dinosaurios animatrónicos pueden convertirse en un puente entre la industria y la ciencia: fósiles que hoy aparecen en medio de la operación petrolera y que mañana podrían exhibirse, en movimiento, en los museos y parques de la región.