¿Qué ver en el Valle Encantado? Guía para parar en la Ruta 237 camino a la cordillera

Entre Neuquén y Río Negro, a orillas del Limay, las rocas volcánicas tomaron forma de figuras humanas y animales. Qué senderos hay, qué dificultad tienen y qué conviene llevar en esta escapada de primavera.

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Santiago Montórfano
Santiago Montórfanohttps://neuquen21.com.ar
Neuquino. Politólogo recibido en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Conductor, productor y columnista político en medios de comunicación (Radio, TV y Prensa escrita). Creador del diario digital neuquen21.com.ar Un magazine digital dedicado a publicar las noticias más relevantes de la Provincia de Neuquén.

Hay un tramo de la Ruta Nacional 237 donde el viaje hacia la cordillera cambia de escala. El río Limay corre al costado y las rocas empiezan a tomar formas raras. Es el Valle Encantado, en el límite entre Neuquén y Río Negro. La promoción turística oficial de la provincia lo puso en agenda este lunes 26 de octubre, en plena primavera, como parada para quienes salen desde la Confluencia. Lo que sigue es una guía corta: qué ver, qué caminar y qué llevar.

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Qué es el Valle Encantado y por qué las rocas tienen esas formas

El paisaje nació de antiguos procesos vinculados con la actividad volcánica. Después, durante millones de años, el agua y el viento fueron desgastando la piedra. El resultado son paredones y estructuras que, según la descripción oficial, «recuerdan figuras humanas, animales y construcciones». No hace falta demasiada imaginación: las siluetas se ven desde el auto, aunque la mejor vista está a pie.

El Dedo de Dios, formación de piedra que se eleva sobre el valle del río Limay
El Dedo de Dios es una de las figuras más reconocidas del Valle Encantado y una referencia para ubicarse en el recorrido entre Neuquén y Río Negro.

Dos formaciones concentran las fotos. El Dedo de Dios y El Centinela son las más reconocidas del valle y sirven de referencia para ubicarse en el recorrido. También el río juega su papel. El Limay acompaña todo el trayecto y marca la frontera natural entre las dos provincias. Estepa, montañas y piedra se combinan en un mismo cuadro, uno de los más singulares de la oferta turística del norte patagónico.

Senderos y miradores: qué dificultad tienen

Las vistas desde la ruta ya valen la parada. Pero el Valle Encantado se aprovecha mejor caminando. En los alrededores hay recorridos que llevan a miradores naturales sobre el valle, los paredones y el río. Algunos itinerarios permiten acercarse a las estructuras de piedra. Otros suben a sectores elevados con vistas panorámicas de todo el conjunto.

No todos los senderos son para cualquiera. El terreno tiene pendientes y sectores de piedra suelta, por eso la dificultad varía bastante de un trayecto a otro. Además, hay un dato que conviene tener claro antes de salir: algunos senderos no cuentan con señalización. Eso obliga a informarse bien del trayecto y a no improvisar, sobre todo si se viaja con chicos o sin experiencia en caminatas.

Qué llevar y qué consultar antes de bajarse del auto

Las recomendaciones oficiales son pocas y concretas. Primero, consultar las condiciones de acceso. Segundo, informarse sobre las características del trayecto elegido. Tercero, usar calzado adecuado y llevar agua. Parece obvio, pero en un lugar sin cartelería y con piedra suelta esos tres pasos marcan la diferencia. Para planificar, el portal de Turismo de la Provincia de Neuquén concentra la información oficial de la región.

Una parada en el camino a la cordillera

El valor del Valle Encantado está también en su ubicación. Queda sobre uno de los corredores que conectan la Confluencia con los destinos cordilleranos, un trayecto que muchos neuquinos hacen varias veces al año. Por eso no exige un viaje especial: se puede sumar como escala, igual que otros atractivos que la provincia empuja en su agenda de primavera. La propuesta oficial lo plantea como un punto para «detenerse, observar y descubrir». En una escapada corta, el Valle Encantado funciona como excusa para bajar la velocidad y mirar la geología que la ruta suele dejar pasar.

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