Hay un número que se publicó esta semana en un informe de LM Neuquén y que merece leerse con detenimiento: las regalías ya representan el 50% de los recursos totales del gobierno provincial. No el 30% ni el 40% — exactamente la mitad de todo lo que el Estado neuquino recauda para financiar sus gastos.
Es un récord histórico. Y como todos los récords, tiene dos lecturas posibles.
La lectura optimista
La primera lectura es la del éxito. Neuquén produce hoy el 70% del petróleo y el gas de Argentina. Vaca Muerta bate récords de producción cada trimestre. Las operadoras invierten más que nunca. Las regalías crecen porque la cuenca crece — y ese crecimiento se traduce en infraestructura, sueldos estatales pagados en tiempo y obra pública que otras provincias no pueden financiar.
El gobernador Rolando Figueroa usó esa fortaleza fiscal esta semana para presentar el programa de créditos hipotecarios Neuquén Habita — 450 millones de dólares financiados íntegramente con recursos provinciales, sin endeudamiento nacional. Eso solo es posible porque las regalías fluyen.
La lectura que incomoda
La segunda lectura es la del riesgo concentrado. Cuando la mitad de los ingresos de un Estado dependen de un solo precio — el del barril de petróleo o el millón de BTU de gas — ese Estado es vulnerable a una variable que ningún gobernador controla.
En 2025, el gobierno neuquino proyectó sus ingresos con un barril a USD 71,5 y terminó el año con un promedio de USD 67. La diferencia de cuatro dólares por barril se tradujo en cientos de millones de pesos menos en la caja provincial. El presupuesto 2026 fue diseñado con mayor cautela — referencia de USD 63 por barril y proyección de caída del 23% en las regalías respecto al año anterior.
El dilema que no tiene respuesta fácil
El 50% no es un destino al que Neuquén llegó por descuido. Es el resultado de una decisión implícita de apostar todo a Vaca Muerta mientras dure el boom — y de apostar al mismo tiempo a construir, con esas regalías, la infraestructura que algún día sostenga una economía más diversificada.
El Polo Científico Tecnológico, el programa de becas, el turismo de reuniones, los créditos hipotecarios — son todas apuestas a ese futuro diversificado. Pero mientras ese futuro llega, la mitad del Estado neuquino depende del precio de un barril que se fija en Houston, Londres y Riad.
Ese es el modelo. Funciona mientras el barril acompaña. La pregunta que el 50% pone sobre la mesa es cuándo deja de acompañar — y qué tan preparada está la provincia para ese momento.
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