Hay proyectos que se entienden mejor cuando se los mira desde el principio. El Polo Científico Tecnológico de Neuquén no nació en una inauguración con fotógrafo y funcionarios. Nació en 2020, en plena pandemia, cuando el intendente Mariano Gaido tomó una decisión que en ese momento podía parecer fuera de lugar: avanzar con la construcción de un edificio de conocimiento e innovación mientras el mundo se paralizaba.
«Así somos los neuquinos: corajudos», dijo Gaido esta semana al anunciar el llamado a licitación para el tercer edificio del Polo. La frase suena a marketing político, pero la historia que hay detrás le da sustancia. El predio del Distrito 2 donde hoy se levantan dos naves de tecnología y formación era, hace menos de una década, un basural en la meseta. Lo que se construyó ahí — con fondos municipales propios, sin deuda nacional — es uno de los pocos proyectos de economía del conocimiento que en la Argentina actual puede mostrar resultados concretos.
Qué tiene el tercer edificio
La licitación pública 07/2026 contempla la construcción de aproximadamente 1.700 metros cuadrados distribuidos en planta baja y tres niveles, conectados al segundo módulo mediante un puente peatonal aéreo. El plazo de ejecución es de 270 días.
El dato más significativo no es el metraje sino el contenido. El tercer edificio tendrá tres ejes centrales: un data center desarrollado junto a CALF, la distribuidora eléctrica local; laboratorios y espacios orientados a la biomedicina; y áreas de coworking, aulas y oficinas para emprendedores y equipos de investigación.
La incorporación del data center es la novedad más estratégica. En un contexto donde las operadoras de Vaca Muerta manejan volúmenes crecientes de datos operativos — sensores en pozos, algoritmos de optimización, modelos predictivos de mantenimiento — tener infraestructura de procesamiento local no es un lujo sino una necesidad. Que ese centro sea gestionado en alianza con CALF abre además la posibilidad de que la energía que lo alimente tenga un perfil renovable, en línea con los compromisos de reducción de emisiones que las grandes operadoras están asumiendo ante sus inversores globales.
La biomedicina, por su parte, amplía el horizonte del Polo más allá de los hidrocarburos. Gaido lo subrayó esta semana: «Neuquén tiene muchos investigadores relacionados a la medicina, yo quiero que se potencien». Es una lectura inteligente del mapa de talento provincial — la UNCo tiene una tradición de investigación en ciencias de la salud que hasta ahora no tenía infraestructura a la altura — y una señal de que el modelo no depende exclusivamente del ciclo petrolero.
Los números que explican la urgencia
Para entender por qué el tercer edificio importa, hay que leer los números del segundo. Cuando se abrió la inscripción al Instituto Vaca Muerta, más de 17.000 personas se anotaron para acceder a los trayectos formativos. En la primera etapa fueron seleccionados alrededor de 670 postulantes. La relación entre demanda y capacidad habla de una brecha que el sistema actual no puede absorber.

El Instituto tiene previsto capacitar entre 2.000 y 3.000 personas por año para acompañar la demanda laboral que generará el crecimiento de la actividad energética. Los cursos están orientados a ocho perfiles técnicos críticos del Upstream: operadores de perforación, fractura hidráulica, producción, mantenimiento eléctrico, mantenimiento mecánico, instrumentación, plantas de tratamiento y seguridad operativa.
Detrás de esos perfiles hay una proyección concreta: el gobernador Figueroa proyecta la creación de 17.000 nuevos puestos de trabajo en la industria hacia 2030. Para que esos puestos los ocupen neuquinos — y no trabajadores que llegan de otras provincias como ocurrió en etapas anteriores del boom petrolero — la formación local es la única respuesta posible.
Un modelo de tres economías
Gaido definió esta semana la visión de largo plazo con una frase que merece atención: «Esta es la tercera economía de la ciudad de Neuquén: primero los hidrocarburos, luego el turismo y después la economía del conocimiento.»
La formulación no es nueva pero la licitación del tercer edificio le da materialidad. Neuquén está construyendo, ladrillo a ladrillo, la infraestructura de una diversificación productiva que la mayoría de las ciudades petroleras del mundo solo proclama en discursos. La inversión municipal total en el Polo supera los 37 millones de dólares, de los cuales 27 millones fueron para la infraestructura del complejo y 10 millones para el edificio del Instituto.
No es una cifra menor para un municipio. Es una apuesta que solo tiene sentido si se sostiene en el tiempo — y la licitación del tercer módulo es la señal de que la apuesta continúa.
Lo que todavía falta
El Polo Científico Tecnológico es un proyecto real, con resultados concretos y una visión clara. Pero tiene también preguntas pendientes que ninguna gacetilla oficial responde.
La primera es la de la articulación entre los tres módulos. El primer edificio, desarrollado por el sector privado, tiene un perfil productivo e innovador. El segundo aloja al Instituto Vaca Muerta y a las universidades. El tercero apuntará a biomedicina y datos. ¿Cómo dialogan entre sí? ¿Qué proyectos concretos emergen de esa interacción? La respuesta a esa pregunta definirá si el Polo es un distrito del conocimiento real o tres edificios bien equipados sin masa crítica entre ellos.
La segunda pregunta es la del acceso. El municipio firmó convenios con cuatro universidades — UNCo, UTN, Universidad de Flores y Universidad Patagonia Argentina — para ceder tierras dentro del Polo. Pero la presencia de las universidades en el predio todavía no se tradujo en infraestructura académica concreta. El Boleto Estudiantil y las nuevas líneas de colectivo son pasos en la dirección correcta, pero el Distrito 2 sigue siendo periférico para buena parte de la población que podría beneficiarse de lo que el Polo ofrece.
La tercera pregunta es la de la sostenibilidad del modelo más allá del ciclo petrolero. El Polo nació gracias a las regalías y al superávit municipal que Vaca Muerta hace posible. Si el barril baja o la producción se estabiliza, ¿el proyecto puede sostenerse? La biomedicina y el data center son señales de que alguien se está haciendo esa pregunta. La respuesta llegará con el tiempo.
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