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YPF adjudica la construcción de los gasoductos del Argentina LNG con un mecanismo sin antecedentes en la industria local: una subasta a ciegas. El formato se conoció esta semana y ya dejó su primera marca. Techint, el jugador histórico de los ductos en el país, perdió la compulsa frente a tres rivales internacionales. El dato pesa porque el proyecto de exportación de gas licuado desde Vaca Muerta está valuado en US$51.000 millones y los caños son su columna vertebral.
Cómo funciona el mecanismo en dos fases
El proceso arranca con una precalificación técnica. En esa etapa solo entran compañías internacionales de primer nivel: tienen que demostrar solvencia financiera, capacidad técnica e historial en megaproyectos globales. El precio todavía no se mira. Recién cuando la lista queda depurada empieza la segunda fase, la puja propiamente dicha.

Esa puja se desarrolla en una plataforma digital monitoreada por escribano público. El sistema oculta en todo momento la posición y la identidad de los rivales comerciales. Cada oferente ve cómo descienden los precios, pero no sabe contra quién compite ni dónde está parado. Por eso la única estrategia posible es mejorar la propia oferta. Se trata de una subasta inversa: gana quien acepta construir por menos, entre empresas que ya probaron que pueden hacerlo. La lógica separa las dos preguntas de toda licitación. Primero, quién es capaz. Después, cuánto cobra.
Techint afuera: quiénes se quedaron con los ductos
La primera aplicación del esquema dejó un resultado resonante. La construcción del gasoducto del Argentina LNG quedó en manos de Pumpco, Bonatti y Contreras Hermanos, que desplazaron a Techint. Para un mercado acostumbrado a pocos nombres en la obra energética de gran escala, el mensaje es claro: en la subasta a ciegas el historial local pesa menos que el número final, siempre que el oferente haya pasado antes el filtro técnico. La competencia se juega entre pares y sin ventajas de reputación a la vista.
El esquema lleva el sello de Horacio Marín, presidente y CEO de la petrolera, que viene ordenando el Argentina LNG como la gran apuesta exportadora de YPF. La novedad se suma a un movimiento ya conocido del proyecto: el pedido de adhesión al RIGI, el régimen nacional de incentivos para grandes inversiones. Una cosa es el paraguas fiscal; otra, ahora visible, es cómo se contrata la obra física.
Qué implica para Vaca Muerta
Los gasoductos definen el ritmo de todo lo demás. Sin capacidad de transporte no hay gas en la costa, y sin gas en la costa no hay licuefacción ni barcos. Cada dólar que la subasta a ciegas le recorte al costo de los caños mejora la ecuación de un proyecto que compite contra otras cuencas del mundo, no contra rivales internos. La señal para Vaca Muerta es doble: hay obra en marcha y hay una forma nueva de adjudicarla, con más competencia y menos discrecionalidad. Queda por ver si el formato se extiende a las próximas licitaciones del megaproyecto y cómo responden los contratistas locales, un capítulo que va a marcar la economía regional y la agenda de energía de los próximos años.
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