El campo argentino compra afuera 1,3 millones de toneladas de urea por año porque la producción local no alcanza. Esa cuenta, sin embargo, empieza a cambiar de escala. El Ministerio de Economía aprobó el ingreso al RIGI de la planta de urea y amoníaco que Fértil Pampa, la controlada de Pampa Energía, levantará en Puerto Ingeniero White, en Bahía Blanca. La materia prima central del proyecto será el gas de Vaca Muerta.
La aprobación llegó con la firma del ministro Luis Caputo, mediante la Resolución 1468/2026 del Ministerio de Economía. El trámite fue rápido: la empresa había presentado la solicitud el 3 de agosto de 2026 y la respuesta llegó en poco más de un mes. Además, el proyecto quedó encuadrado como «Proyecto de Exportación Estratégica de Largo Plazo». Esa es la categoría más alta del régimen, reservada para las iniciativas de mayor escala exportadora.
US$2.693 millones en dos fases hasta 2029
La inversión computable asciende a US$2.693 millones, repartidos en dos fases. El plan contempla dos unidades gemelas de urea granulada, con capacidad de 3.000 toneladas diarias cada una, y una planta de amoníaco de 3.450 toneladas por día. En conjunto, la producción proyectada alcanza los 2,1 millones de toneladas anuales. Los plazos también quedaron definidos: la ingeniería y la procura se extenderán hasta fines de 2027, mientras que el montaje seguirá hasta diciembre de 2029.

El gas de Vaca Muerta, del pozo al fertilizante
La ecuación del proyecto se apoya en el gas neuquino. La planta de urea se abastecerá con producción de Vaca Muerta, transportada por los gasoductos existentes hasta la costa atlántica. Para la cuenca, eso significa demanda firme y de largo plazo. Un consumidor industrial de esta escala no depende de la estacionalidad del consumo residencial, que sube en invierno y cae en verano. El proyecto se suma así a los desarrollos que buscan convertir el gas de la cuenca en productos de mayor valor agregado.
Sustituir importaciones y ganar exportaciones
El impacto se medirá también en la balanza comercial. La producción proyectada supera con holgura el volumen de urea que el país importa cada año para abastecer a su propio campo. Por eso el proyecto apunta a un doble efecto: reemplazar compras externas y, al mismo tiempo, abrir saldos exportables desde el puerto bahiense. Para la economía regional, es otra señal de que el gas neuquino empieza a traccionar inversiones industriales fuera de la provincia.
Lo que viene ahora es la etapa de ejecución. La ingeniería y las compras de equipos dominarán los próximos dos años; después llegará el montaje sobre el puerto. Si el cronograma se cumple, hacia fines de 2029 la planta de urea empezará a convertir gas de Vaca Muerta en fertilizante para el agro. Para Neuquén, eso se traduce en un cliente industrial permanente, con demanda pareja para sus pozos durante todo el año.