La Fed subió la tasa, el riesgo país saltó a 524 puntos y emitir deuda afuera pasó a costar más del 10% anual. Mientras tanto, la curva en pesos cerró toda en verde. No son dos noticias: es la misma, leída desde los dos lados del mostrador.
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Emitir afuera pasó a costar más del 10% anual
El dato más importante de la semana no estuvo en una pantalla sino en un expediente. El Gobierno presentó en Diputados el Presupuesto 2027 y ahí, entre proyecciones de crecimiento y de salarios, hay una línea que vale por todo el resto: prevé emitir USD 11.000 millones en bonos bajo ley local, sin contar con el regreso a los mercados internacionales. En Argentina el Presupuesto es menos un plan de gastos que una declaración de rumbo, y el rumbo que declara este es que el financiamiento del año que viene se busca adentro. El viernes el mercado explicó por qué.
El miércoles la Reserva Federal subió la tasa de interés en 25 puntos básicos y la llevó al rango de 3,75% a 4%, y para el cierre de la semana el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años había avanzado otros siete puntos hasta instalarse nuevamente en la zona del 5%. El riesgo país —que mide cuánto se le cobra a la Argentina por encima de esa tasa— trepó 39 unidades, un 8%, y cerró en 524 puntos básicos, el nivel más alto desde el 20 de agosto. Sumados, los dos números dan del orden del 10,24% anual para la deuda argentina, contra 9,8% una semana atrás: casi medio punto más caro en cinco ruedas, y ninguna de las dos razones se decidió en Buenos Aires.
Conviene separar las dos mitades de ese encarecimiento, porque no dicen lo mismo. De los 46 puntos básicos que subió el costo argentino, apenas siete son la tasa estadounidense; los otros treinta y nueve son el sobreprecio que el mercado cobra por prestarle a la Argentina en lugar de a los Estados Unidos. Leído en crudo, eso no es «el mundo»: es el riesgo argentino cotizando más caro. Lo que une las dos cosas es el canal que la aritmética no muestra. Cuando sube la tasa libre de riesgo, el dinero dispuesto a correr riesgo emergente se achica, y los spreads de toda la clase de activo se abren aunque en el país no haya pasado nada. Argentina no hizo nada esta semana para merecer treinta y nueve puntos. Los pagó igual.
Y hay una segunda advertencia sobre ese 10,24%: es un promedio, y el promedio tapa lo que importa. Al cierre del viernes un bono argentino a 2029 rendía 8,17% anual y uno a 2035, 10,19%. Dos puntos de diferencia entre prestarle a la Argentina por tres años o por nueve. El riesgo país pondera toda la curva y devuelve un solo número; el mercado, en cambio, está cobrando precios bien distintos según el plazo. Si el país saliera a buscar plata afuera no saldría a nueve años: saldría corto. Y ahí el costo de hoy empieza con ocho.
Hay una forma de chequear esa lectura sin salir de los precios: mirar dónde pegó la caída. Los bonos cortos casi no se movieron —el GD29 perdió 0,4% en la semana y el GD30 un 0,6%— mientras el tramo largo se llevó todo: el GD35 cayó 1,9%, el GD41 un 2,1%, y el GD38 y el GD46 un 2,2%. La curva se empinó, y el cierre del viernes la deja dibujada: 8,17% a 2029, 8,59% a 2030, y de 2035 en adelante todo el tramo arriba del 10%. Un mercado que empieza a dudar del repago castiga primero los vencimientos cercanos, que son los que uno cobra antes; lo que castiga el tramo largo es una suba de la tasa a la que se descuenta el futuro. La forma de la caída es la de un problema de tasa, no la de un problema de crédito.
Y conviene mirar lo que pasó al lado, porque termina de matizar el diagnóstico. Vaca Muerta Oil Sur colocó bonos a 2030 por USD 234 millones: hay inversores dispuestos a prestarle a una empresa argentina a cuatro años, y a un precio que la empresa aceptó. YPF hizo algo distinto y que dice otra cosa: recompró en efectivo obligaciones negociables a 2027 y 2029 por USD 566 millones, es decir que le sobra caja para retirar deuda antes de tiempo. Una cosa es tener mercado y la otra es tener espalda; del lado corporativo hubo las dos. El que está caro es el soberano.
La segunda pata de la estrategia se aprobó casi el mismo día. El Senado convirtió en ley Inocencia Fiscal II, la iniciativa con la que el Gobierno busca que vuelvan al circuito formal los dólares que los argentinos guardan fuera del sistema bancario: unos USD 170.000 millones, según la estimación del Banco Central que citó el ministro Luis Caputo en una charla en la Universidad Torcuato Di Tella. La ley rige hasta el 31 de diciembre de 2027 y entre los especialistas en impuestos el ánimo es de cautela más que de entusiasmo; el argumento que repiten es que la seguridad jurídica es condición necesaria pero no suficiente, y que en año electoral nadie mueve un ahorro guardado durante años. Once mil millones adentro y ciento setenta mil debajo del colchón: las dos decisiones miran al mismo lugar. Y el mostrador donde eso se pone a prueba todas las quincenas ya viene funcionando: en la licitación del 11 de septiembre el Tesoro renovó el 103% de los vencimientos en pesos y adjudicó $8,41 billones. No solo refinanció todo: retiró pesos del mercado.
El cuadro doméstico sobre el que aterriza todo esto tiene dos mitades que no se parecen. Las cuentas siguen dando bien: agosto cerró con un superávit fiscal primario de $1.990.322 millones, un resultado financiero positivo por $635.529 millones —mejor que julio— y un superávit comercial de USD 2.187 millones contra los USD 1.440 millones del mismo mes de 2025. La actividad, en cambio, se dio vuelta: el PIB del segundo trimestre cayó 0,6% contra el trimestre anterior en términos desestacionalizados, después de siete trimestres consecutivos de crecimiento, con el consumo privado retrocediendo 2,4%. En la comparación interanual la economía todavía crece 2%, pero esa cifra describe de dónde venimos y la otra describe dónde estamos.
Los precios agregan una señal que conviene leer de a dos. El índice de precios al consumidor de agosto subió 1,7% en el mes y acumula 33,5% en doce meses. El de precios mayoristas subió 2,1% en el mes y acumula 29,9% interanual. Es decir: los mayoristas vienen corriendo por debajo del minorista en el año largo, pero en el mes lo pasaron. Cuando el costo de reposición se mueve más rápido que el precio de góndola, el margen se come la diferencia un tiempo y después la traslada.
Y hubo un dato que merece leerse solo. El Banco Central publicó el viernes su Informe sobre Bancos y la morosidad del crédito a las familias llegó en julio al 12,9%, un nuevo máximo en más de veinte años. Un año atrás era 5,6%: más que se duplicó. Adentro de ese promedio, los préstamos personales están en 16,7% y las tarjetas de crédito en 12,8%, mientras los hipotecarios se mantienen en 1,6%, que es la diferencia entre la deuda que financia consumo y la que financia un activo. Las empresas también se deterioraron, del 1,2% al 3,6% interanual. El Central aclara que los bancos vienen refinanciando esa cartera y que por eso espera una mejora en los próximos meses; vale recordar que refinanciar no borra una deuda, la estira. Con el consumo privado cayendo 2,4% en el trimestre, la mora deja de ser un problema de bancos y pasa a ser el termómetro de los hogares.
La lectura, entonces: lo que se encareció esta semana fue el precio global del riesgo, y el Gobierno ya está operando como si ese encarecimiento fuera a durar. Dos cosas pueden desarmarla. La primera llega el lunes, cuando aterriza la misión del Fondo Monetario Internacional para la tercera revisión del acuerdo: si de ahí sale ruido, el spread deja de ser un reflejo del apetito global y pasa a ser un diagnóstico sobre el programa. La segunda es la que hay que vigilar en los precios: si en las próximas semanas el tramo corto de la curva en dólares empieza a caer tanto como el largo, la explicación de tasa se agota y lo que hay que revisar es la lectura, no el dato.
Los pesos ganaron la semana que perdieron los dólares
Mientras la deuda en dólares se caía, la curva en pesos cerró íntegramente en alza y sin un solo segmento en rojo. Los bonos ajustables por CER subieron 1,1% en la semana, los que pagan tasa variable 1,4%, los de tasa fija 0,75%, y los ajustables por tipo de cambio entre 0,4% en el tramo corto y 2% en el largo. Contra el dólar por el que efectivamente entra y sale quien hace esa apuesta —el contado con liquidación, que se movió 0,06%—, la tasa fija dejó cerca de 0,69% en dólares en cinco ruedas. El carry siguió pagando.
Y del lado de los pesos la curva se movió al revés que la de dólares: los Boncer de cupón cero, que son los más largos, subieron 1,5% mientras los Boncer comunes ganaban 0,6%. En la misma semana el mercado alargó plazos en pesos y los acortó en dólares. No es una contradicción: es la misma decisión, tomada dos veces.
El dato que lo sostiene es cambiario. El dólar mayorista subió $4,50 en la última rueda y cerró en $1.514,50; medido punta a punta, el peso se depreció apenas 0,4% en la semana. El contado con liquidación cerró el viernes en $1.587,52, un 4,8% por encima del mayorista, y como el oficial subió más que el financiero, la brecha se achicó en la semana. El Banco Central terminó comprador: se hizo de USD 36 millones el viernes y acumuló un saldo neto positivo de USD 80 millones en la semana, casi el doble que la anterior. Si esto fuera un episodio de desconfianza local, el tipo de cambio sería el primero en avisar. No avisó.
Para el ahorrista que no opera bonos la referencia es el plazo fijo, y la cuenta conviene hacerla primero contra el dólar. El mayorista se movió 0,4% en toda la semana y el contado con liquidación apenas 0,06%: a ese ritmo, una tasa en pesos del orden del 20% anual —que es donde está hoy el promedio del sistema— le gana al dólar con holgura, y por eso la plata se quedó donde se quedó. Contra los precios el resultado es bastante más magro: ese mismo 20% apenas empata con una inflación que en agosto corrió al 1,7% mensual. Es la apuesta que viene pagando hace meses. También es la que se desarma de golpe el día que el tipo de cambio se mueve en serio.
La renta variable, en cambio, acusó el golpe: el S&P Merval cerró en 3.021.926 puntos, con una caída de 2,48% en la semana y de 2,54% medida en dólares. Que las dos cifras sean casi la misma es, en sí, el dato: sin movimiento del contado con liquidación, la baja fue íntegramente de precios y no tuvo nada de efecto cambiario. Afuera el cuadro fue mixto, con el S&P 500 prácticamente plano —una baja de 0,08%— y el Nasdaq 100 subiendo 0,72% en una jornada de vencimiento trimestral de opciones que infló el volumen operado. El crudo estadounidense cedió 1,6% el viernes y cerró en USD 100,30 el barril, apenas por debajo de los USD 100,50 del viernes anterior.
| Semana | Semana anterior | |
|---|---|---|
| Riesgo país (puntos básicos) | 524 | 485 |
| S&P Merval (cierre, en puntos) | 3.021.926 | 3.098.898 |
| S&P Merval en pesos (variación semanal) | −2,48% | +1,63% |
| S&P Merval en dólares (variación semanal) | −2,54% | +0,74% |
| Soberanos en dólares (variación semanal) | −1,5% | −0,5% |
| Bonos CER (variación semanal) | +1,1% | +0,35% |
| Tasa fija (variación semanal) | +0,75% | +0,4% |
| Bonos dollar-linked (variación semanal) | +0,4% a +2,0% | 0,0% |
| Dólar mayorista (cierre) | $1.514,50 | $1.508,50 |
| Contado con liquidación (variación semanal) | +0,06% | +0,88% |
| Compra neta del BCRA en la semana | USD 80 M | USD 42 M |
| Petróleo WTI (cierre, dólares por barril) | 100,30 | 100,50 |
La conclusión operativa de la semana es incómoda de tan simple: lo que rindió fue quedarse en pesos, y lo que costó fue haber buscado cobertura en la deuda soberana en dólares. Nada de eso anticipa octubre. Dice qué precio tuvo cada decisión en estas cinco ruedas.
Llega la misión del FMI y el jueves el INDEC pone números a la pobreza
El lunes aterriza en el país la misión del Fondo Monetario Internacional para la tercera revisión del acuerdo, y en esos mismos días el ministro de Economía viaja a Nueva York junto al Presidente para participar de las reuniones de la Organización de las Naciones Unidas. El calendario de difusión, en tanto, concentra lo más pesado sobre el final de la semana.
Lunes 21 — Expectativas de supermercados, mayoristas e industria para el período septiembre-noviembre.
Martes 22 — Índice de salarios de julio.
Miércoles 23 — Encuestas de ventas en supermercados, autoservicios mayoristas y centros de compras de julio.
Jueves 24 — Incidencia de la pobreza y la indigencia del primer semestre de 2026, y Estimador Mensual de Actividad Económica de julio. Ese mismo día se publican las Expectativas de Inflación de septiembre.
Viernes 25 — Encuesta de Turismo Internacional de agosto.
Fuente: calendario de difusión del INDEC. Las Expectativas de Inflación las releva la Universidad Torcuato Di Tella.
De todo eso, el jueves es el día. La pobreza del primer semestre y el estimador de actividad de julio se publican con horas de diferencia, y leídos junto a la morosidad de las familias y a la caída del consumo van a decir si el segundo trimestre fue un tropiezo o el principio de algo más largo.
Gonzalo Echegaray
Esta nota tiene fines informativos. No constituye una recomendación de inversión ni una oferta o invitación a operar con instrumento alguno. Antes de invertir, consulte con un asesor matriculado.

