Es socia en más de una docena de concesiones no convencionales sin perforar un solo pozo con capital propio. La historia y el mecanismo de Gas y Petróleo del Neuquén, la empresa con la que la provincia se sienta del lado de los dueños de la mesa.
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En los papeles de buena parte de las concesiones de Vaca Muerta aparece un socio que no opera, no perfora y no pone un dólar de inversión directa. Se llama Gas y Petróleo del Neuquén S.A. —GyP, en la jerga de la industria— y es la herramienta con la que el Estado neuquino participa del negocio hidrocarburífero más allá de las regalías. Entender qué es GyP y cómo funciona es entender una parte central de la economía política de la provincia.
Qué es GyP y por qué existe
La reforma constitucional de 1994 estableció que los recursos naturales pertenecen a las provincias. Neuquén, dueña del subsuelo más codiciado del país, decidió en 2008 dar un paso más que cobrarle regalías a los operadores: el 16 de mayo de ese año, mediante el Decreto 770/08, el Ejecutivo provincial creó Gas y Petróleo del Neuquén, una sociedad anónima de mayoría estatal. Al año siguiente, con el Decreto 436/09 y sus complementarios, le reservó un paquete de un centenar de áreas hidrocarburíferas para que las explorara y explotara por sí o asociada a terceros.
Esa reserva es la llave del modelo: quien quiera desarrollar esas áreas no le compra una concesión a la provincia; se asocia con su empresa.
El «acarreo», explicado
El corazón del esquema —y la respuesta corta a qué es GyP en la práctica— es el sistema de carry o «acarreo». Funciona así: GyP conserva una participación —típicamente del 10%— en cada área que licita, pero no aporta capital para la exploración ni el desarrollo. El socio privado financia el 100% de las inversiones, incluida la porción que le correspondería a GyP. La empresa provincial devuelve («repaga») esa parte con el producido de su porcentaje de la producción, y una vez cubierto el repago le queda una participación libre que genera caja.
Alberto Saggese, presidente de GyP, lo resumió en una entrevista con Vaca Muerta News: la empresa no realiza las inversiones directas en los yacimientos, sino que las paga con el producto que obtiene, y del repago le queda una participación libre que genera flujo de fondos. En el mismo diálogo definió el rol societario: GyP no opera, pero tiene voz y participa activamente de las decisiones en las áreas donde es socia.
Para la provincia, el atractivo es doble: cobra regalías como autoridad concedente y, además, participa de la renta del negocio como accionista. Para el privado, el costo de «acarrear» al socio estatal se compensa con el acceso a áreas que de otro modo no están disponibles.

Las rondas licitatorias
El mecanismo de entrada son las rondas: GyP publica un menú de áreas y las empresas compiten con ofertas que se evalúan según una fórmula que pondera la participación que se le reconoce a GyP, las regalías ofrecidas, la actividad comprometida en el área y el bono de acceso. Tras cinco rondas históricas y el Plan Exploratorio Neuquén, la empresa acumuló 24 contratos de asociación y mantiene unas 74 áreas disponibles para nuevas asociaciones.
El sistema sigue activo: la Ronda 1/2026 recibió 20 propuestas de 10 empresas por 8 de las 15 áreas ofrecidas, y para fines de noviembre está previsto el lanzamiento de la Ronda 2/2026, enfocada exclusivamente en gas.
El vaivén legal: prohibido, tolerado, restaurado
El acarreo tuvo una vida jurídica agitada. En 2014, la reforma de la Ley de Hidrocarburos (Ley 27.007) le puso dos límites a Neuquén: un tope del 12% a las regalías de los nuevos proyectos y la prohibición de imponer a GyP como socio en carry en las concesiones futuras. La empresa se adaptó con un esquema asociativo voluntario —el operador con el 90%, GyP con el 10%— y con movidas como el canje de participaciones con YPF, que le entregó siete campos maduros y le aportó flujo de caja en años clave.
Una década después, la Ley Bases de 2024 eliminó aquellos límites nacionales. Y la provincia no tardó en usar el margen recuperado: desde 2025, la gobernación exige un piso de regalías del 18% para las nuevas áreas de explotación y que GyP conserve un 10% de participación accionaria en las nuevas concesiones no convencionales. El acarreo, en los hechos, volvió a ser condición de entrada a Vaca Muerta.
Qué tiene hoy y qué se discute
El portafolio actual de GyP incluye 14 concesiones de explotación no convencional con objetivo principal en la formación Vaca Muerta, derechos económicos en otra área y sociedades con los principales operadores del país, varios de los cuales desarrollan sus concesiones en modo factoría. Los dividendos van al Estado provincial.
El modelo tiene defensores y críticos. Del lado del mostrador provincial, se destaca que convierte al Estado en socio del negocio y no en mero cobrador de regalías, con voz en las decisiones operativas. Del lado inversor, el carry es un costo de entrada que encarece los proyectos frente a otras cuencas del mundo, y hay quienes cuestionan que una empresa con participaciones pasivas y renta asegurada tenga los incentivos de eficiencia de una petrolera convencional. Esa tensión —cuánto capturar sin espantar inversión— es, en el fondo, lo que define qué es GyP hoy: la discusión permanente de la política energética neuquina.
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