Ab Astra, un ejemplo de lo que ya está pasando: qué mira un fondo antes de poner un peso

La startup neuquina Ab Astra cerró una ronda pre-seed de US$2M. Gonzalo Echegaray repasa qué evalúan los fondos y por qué el know-how de Vaca Muerta es un activo único.

Gonzalo Echegaray
Gonzalo Echegaray
Titular E&F Inversiones / Director Bizion [Escuela de Negocios] y CENOVA /// Economía, Finanzas & Relaciones Públicas

La startup neuquina Ab Astra cerró una ronda pre-seed de dos millones de dólares liderada por Draper Cygnus, con CITES como inversor ancla y la participación de AIR Capital. La noticia, tal como suele contarse, es financiera: cuánto entró y quién lideró la operación. Pero detrás de cada ronda hay una pregunta bastante más interesante para cualquier empresario de la región: por qué un fondo elige una compañía y descarta cientos parecidas.

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La respuesta no está solo en la calidad de la presentación ni en la originalidad de la idea. Está en un puñado de cosas que los fondos miran siempre. Vale la pena repasarlas —porque son el manual con el que se decide una inversión— y después mirar dónde está parada la Patagonia frente a ese manual.

Qué mira un fondo antes de poner un peso

Empecemos por lo que enseña la experiencia, más que un caso puntual. Hernán Kazah —cofundador de Mercado Libre y luego de Kaszek— repite hace años que el factor central de cualquier inversión temprana es el equipo fundador. Sobre esa base se ordena todo lo demás.

El equipo, antes que el producto

En una empresa joven casi todo puede cambiar: el producto, el canal, el segmento de clientes, el precio, incluso el modelo de negocio. Lo que no cambia es la capacidad de los fundadores para aprender, decidir y atravesar la incertidumbre. Por eso el fondo mira más los antecedentes que el currículum: si los socios son complementarios, si conocen el problema en profundidad, y cómo reaccionan cuando les hacen la pregunta incómoda. Un fundador que admite lo que no sabe genera más confianza que uno que actúa una seguridad de utilería.

Un problema lo bastante grande

El venture capital trabaja con una matemática particular: la mayoría de las inversiones no rinde lo esperado, y unas pocas tienen que pagar por todas. Eso obliga a buscar mercados grandes o de expansión rápida. La pregunta no es cuánto factura hoy la empresa, sino cuánto podría valer si ejecuta bien durante cinco o diez años. Una compañía puede resolver un problema real y, aun así, ser demasiado chica para un fondo.

Un foso que no se cruce en seis meses

Es lo que en la jerga se llama moat: una barrera defensiva alrededor del negocio. Una buena idea, por sí sola, no lo es —si cualquiera la replica rápido, el valor es limitado. El foso puede ser tecnología propietaria, patentes, datos exclusivos, conocimiento científico, contratos estratégicos o efectos de red. En las empresas de base científica suele nacer de años de desarrollo. La pregunta estratégica, para cualquier empresa regional, debería ser una sola: ¿qué tenemos que un competidor con más plata no pueda copiar en seis meses?

Que a alguien, afuera, ya le importe

Los emprendedores se enamoran de su producto; el fondo quiere saber si los clientes también. Una charla informal o un «me interesa» genérico no son validación. La validación empieza cuando alguien compromete algo real: tiempo, datos, infraestructura, reputación o dinero. Un piloto con una operadora o una minera vale más que cualquier campaña.

Crecer bien, no sólo crecer

Ilustración sobre los criterios que evalúa un fondo antes de invertir en una empresa de la región
El manual con el que un fondo decide una inversión: equipo, mercado, foso, validación y crecimiento sano.

Es el criterio que más cambió en estos años. Durante la época de liquidez abundante se premiaba crecer rápido aunque se perdiera plata; ese paradigma se terminó. Hoy los fondos siguen queriendo crecimiento, pero miran márgenes, costo de adquisición, recurrencia y consumo de caja. La pregunta ya no es cuánto crece una empresa, sino cuánto capital necesita para crecer y qué valor genera cada dólar invertido. Una compañía puede crecer y destruir valor al mismo tiempo; otra puede crecer más lento y construir una posición mucho más sólida.

Hay más —gobernanza, uso del capital, ambición global—, pero estos cinco son los que de verdad separan la paja del trigo. Con ese manual en la mano, vale la pena mirar dónde está parada la región.

El activo que nadie puede copiar: diez años de no convencional

Acá aparece lo que casi nadie pone sobre la mesa. La ventaja competitiva de Neuquén y Río Negro no es tener petróleo, gas o minerales: eso son commodities, y un commodity no es un foso. La ventaja es otra, y es rarísima en el mundo: diez años operando el desarrollo no convencional más grande fuera de Norteamérica.

Perforar y fracturar shale a escala, resolver la logística, el agua, la arena, los datos y la coordinación de cientos de equipos moviéndose a la vez es un conocimiento que existe en muy pocos lugares del planeta. Estados Unidos lo tiene. Y después, casi nadie. La Argentina, a fuerza de Vaca Muerta, acumuló una década de ese know-how en su capital humano: ingenieros, empresas de servicios, técnicos, científicos. Ese saber-hacer no se compra ni se copia en seis meses. Es, en estado bruto, exactamente lo que un fondo llama un moat.

Ab Astra lo muestra con nitidez. La compañía desarrolla muongrafía —usa partículas cósmicas para «radiografiar» el subsuelo— y apunta primero a la minería de minerales críticos: litio, cobre, uranio, tierras raras. Pero lo interesante no es el sensor. Es que uno de sus fundadores, Germán Serrano, viene de ser Director de Proyectos Especiales de YPF, y su socio Hernán Asorey investigó en la Comisión Nacional de Energía Atómica. La empresa es la fusión de física de altísimo nivel con una década de trayectoria dentro de la industria de recursos naturales. Draper no compró un aparato: compró esa combinación. Su managing partner lo dijo sin vueltas —invirtieron por el talento científico más la conexión industrial que permite conseguir clientes rápido. Es decir: compraron el know-how.

La otra mitad: articular

Que el conocimiento exista no alcanza: diez años de know-how repartidos entre miles de ingenieros, empresas de servicios y operadoras no son todavía una empresa invertible. Falta un paso, y es el más interesante, porque ya empezó a darse: articular.

Ab Astra es, en el fondo, una articulación exitosa. Confluyeron la física del Balseiro, la trayectoria industrial de YPF, un fondo deep tech como Draper, el respaldo temprano de CITES y un mercado global de minerales críticos. Cuando esas piezas se alinean, aparece una empresa que un fondo quiere financiar. Y la buena noticia es que la región viene armando, pieza por pieza, la estructura para que eso deje de ser una excepción: el Cluster Vaca Muerta ordenando la trama de operadoras, proveedores y conocimiento de la industria; el Polo Tecnológico de Neuquén conectando ciencia con producción; las universidades generando el conocimiento de base; y escuelas de negocios como la nuestra, BIZION, formando fundadores y acercando el management a la ciencia. Los actores existen. El trabajo pendiente es ponerlos a operar sistemáticamente en la misma dirección: cuando esa articulación funciona, no sólo aumenta la probabilidad de que aparezca la próxima Ab Astra, sino que baja el esfuerzo que hoy recae sobre los emprendedores y hace surgir ideas, sinergias y proyectos que ninguno de esos actores habría encontrado por separado.

Ahí está el valor que la región todavía deja sobre la mesa. La Patagonia ya produce energía, alimentos, conocimiento científico y recursos estratégicos. El próximo paso es convertir una parte creciente de ese acervo —empezando por la década de aprendizaje no convencional— en propiedad intelectual, tecnología y empresas exportables. Serrano lo hizo empezando por un problema de subsuelo argentino para venderlo después en Chile, Perú o Australia. El mercado local como laboratorio; nunca como techo.

La pregunta, entonces, ya no es si una empresa patagónica puede recibir inversión. Ab Astra demostró que sí. La pregunta es cuántas están convirtiendo ese know-how único en el mundo en compañías, antes de que otro lo haga por nosotros.

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