En las aulas de primer grado de Chaco, un chico cierra el año leyendo 36 palabras por minuto. Antes, esa marca la alcanzaba recién un alumno un año mayor. El salto no es casualidad. Detrás hay una decisión de política educativa que esta semana volvió al centro del debate sobre cómo se enseña a leer en Argentina.
Un estudio independiente sobre el programa Aprendo Leyendo arrojó un dato contundente. Los alumnos de primer grado que aprendieron con un método estructurado más que duplicaron su comprensión lectora. Pasaron del 29,9% al 61,7% de respuestas correctas. La provincia adoptó este enfoque en el ciclo lectivo 2025 como política de alfabetización para el primer ciclo. La intervención alcanzó a unos 77.000 chicos en 860 escuelas.
Nueve habilidades, una sola dirección
El avance no se limitó a un indicador. En primer grado, el grupo que trabajó con el programa superó al de comparación en las nueve habilidades evaluadas. Además, las diferencias fueron estadísticamente significativas en todos los casos. También hubo mejoras marcadas en lectura de palabras: 54,8% frente a 37,4%. La identificación del sonido inicial trepó del 29,2% al 45,9%. Por su parte, el conocimiento del sonido de las letras pasó del 30,6% al 44,3%.

En segundo grado, en cambio, el panorama fue más matizado. La intervención mostró efectos significativos en cinco habilidades. El mayor impacto se dio en el conocimiento del sonido de las letras, una destreza clave para consolidar la lectura. Sin embargo, lectura de enunciados, comprensión lectora y comprensión oral no alcanzaron diferencias significativas tras el ajuste estadístico. De hecho, en comprensión oral el grupo sin intervención obtuvo un puntaje algo superior.
La fluidez como termómetro
La transformación también se midió en velocidad. «Cuando asumimos, un alumno de segundo grado arrancaba leyendo apenas 16 palabras por minuto. Hoy, un chico de primer grado termina el año leyendo 36: más del doble de lo que antes leía un chico un año mayor. Y los de segundo grado ya alcanzan las 64», señaló Sofía Naidenoff, ministra de Educación de Chaco. Los materiales llegaron uno a uno a cada alumno. También incluyeron a las comunidades moqoit, wichí y qom.
Una decisión basada en evidencia
Para la lingüista Florencia Salvarezza, que encabezó la investigación, el número importa menos que lo que demuestra. «El Chaco es un buen ejemplo de regiones con condiciones socioeconómicas difíciles y bajos resultados educativos donde, sin embargo, al cambiar lo que se hace en el aula, cambian los resultados», afirmó. La investigadora subrayó que se trata de «una decisión política basada en evidencia». Los países con buenos sistemas educativos, recordó, enseñan a leer de modo estructurado.
El estudio sobre Aprendo Leyendo tiene matices metodológicos que conviene señalar. No fue un ensayo aleatorizado. El grupo de control reunió a alumnos de 2024, sin el programa, comparados con la cohorte de 2025 que ya lo había trabajado. Es decir, una comparación entre años distintos, no contemporánea. El propio informe lo aclara. La evaluación usó las pruebas estandarizadas de lectura inicial EGRA, con análisis estadístico del Dr. Juan Pablo Barreyro, del CIIPME-CONICET.
El antecedente no es aislado. El mismo equipo había realizado estudios similares en la provincia de Buenos Aires en 2019 y en la Ciudad de Buenos Aires en 2022 y 2023. La medición rigurosa de Aprendo Leyendo en Chaco apunta en la misma dirección. El próximo hito a seguir será ver si otras provincias replican el enfoque y si los avances de primer grado se sostienen cuando esos mismos chicos avancen en la escolaridad.
Suscribite al newsletter de Neuquén21
Las noticias más importantes de Neuquén y Vaca Muerta, cada semana en tu email.
📲 Segui a Neuquen21 en WhatsApp Las noticias de Vaca Muerta, energia y politica de Neuquen, al instante. | Seguir → |