El gasoducto dedicado que unirá Vaca Muerta con el futuro polo exportador de GNL ya tiene asegurada la mayor parte de su financiamiento. San Matías Pipeline (SMP), el consorcio que integran PAE, YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG, anunció esta semana el cierre de un préstamo sindicado por USD 900 millones bajo la modalidad de project finance. El crédito pagará la construcción del caño de 472 kilómetros que irá desde Tratayén, en Neuquén, hasta la costa de Río Negro.
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Nueve bancos y contratos de largo plazo
Citi, J.P. Morgan, Santander e Itaú estructuraron la operación, a 7 años de plazo con 3 años de gracia. El sindicato se completa con BBVA, Bladex, Barclays, ICBC y Bank of China. En total, la inversión del proyecto ronda los USD 1.300 millones: USD 900 millones saldrán del préstamo y el resto lo aportarán los accionistas como capital. La estructura se apoya en los flujos de fondos futuros del gasoducto, respaldados por contratos de transporte de largo plazo. Es decir, los bancos prestan contra el gas que el caño va a mover durante años, no contra las espaldas de cada socio.

El proyecto entró en junio al RIGI, el régimen nacional de incentivo a las grandes inversiones. Además, ya tiene los estudios de impacto ambiental aprobados por Neuquén y Río Negro. Con el cierre financiero, la obra queda despejada: la construcción arrancó este mes de agosto y debería terminar a mediados de 2028.
Un caño de 472 kilómetros hasta el mar
El ducto tendrá 36 pulgadas de diámetro y una capacidad de 27 millones de metros cúbicos de gas por día. La participación en el consorcio quedó repartida entre PAE (30%), YPF (25%), Pampa Energía (20%), Harbour Energy (15%) y Golar LNG (10%). El consorcio SICIM – Víctor Contreras construirá el gasoducto, mientras que OPS levantará la planta compresora de Allen. Se trata de una de las principales obras de infraestructura energética en desarrollo en la Argentina.
El eslabón que faltaba para exportar GNL
El caño de San Matías Pipeline no es una obra aislada. Se integra al proyecto de Southern Energy (SESA), el consorcio formado por los mismos socios, que busca posicionar a la Argentina como nuevo proveedor en el mercado mundial de GNL. Los dos buques de licuefacción que SESA instalará en Río Negro, el Hilli Episeyo y el Esperanza —antes llamado MKII—, comenzarán a operar en 2027 y 2028. Juntos podrán producir 6 millones de toneladas de GNL por año.
Los números del negocio explican el apuro. SESA prevé inversiones superiores a USD 15.000 millones a lo largo de 20 años y exportaciones por USD 20.000 millones entre 2027 y 2035, según proyectó el consorcio. Pero para que esa apuesta exportadora funcione, el gas tiene que llegar al mar. Por eso el préstamo de San Matías Pipeline era la pieza que le faltaba al esquema: sin caño no hay licuefacción, y sin licuefacción no hay GNL argentino en los mercados. Lo que viene ahora son dos años de construcción, con la vista puesta en el primer embarque desde la costa rionegrina.
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