¿Conviene mirar al pasado con el diario del lunes? Amazon y la máquina del tiempo.

Lucía Chardin Enríquez analiza si las inversiones millonarias de Amazon en inteligencia artificial repiten la apuesta de los 90, cuando Wall Street acusaba a la compañía de gastar demasiado.

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Lucía Chardin Enríquez
Lucía Chardin Enríquez
Profesional de finanzas especializada en asesoramiento financiero personalizado y análisis de mercados. Acompaña a empresas e individuos en la toma de decisiones y en la planificación patrimonial, desde un enfoque estratégico e integral que combina análisis, criterio y cercanía profesional para brindar soluciones financieras a medida.

Amazon fue durante años la empresa que “gastaba demasiado”, reinvertía demasiado y parecía incapaz de priorizar la rentabilidad. Hoy sabemos qué construyó con parte de aquellas inversiones. Y ahora, ya convertida en una de las empresas más rentables y poderosas del mundo, vuelve a estar haciendo algo parecido con la inteligencia artificial.

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Lo interesante es que en los 90 y principios de los 2000 la crítica no era absurda. Amazon crecía a una velocidad extraordinaria, pero también quemaba dinero. En 1997, el año de su salida a bolsa, las ventas habían saltado de US$15,7 millones a casi US$148 millones en apenas doce meses. Al mismo tiempo, la empresa multiplicaba empleados, depósitos e inventario para sostener ese crecimiento. Bezos ya advertía entonces que Amazon iba a priorizar el liderazgo de largo plazo por encima de la rentabilidad inmediata y de la reacción de Wall Street.

Centro de datos de Amazon Web Services que ilustra las inversiones en inteligencia artificial
Amazon destina cifras récord a infraestructura de IA: centros de datos, servidores y capacidad computacional para AWS.

La apuesta se volvió todavía más agresiva durante la burbuja puntocom. En 1999 Amazon salió al mercado a buscar US$500 millones mediante deuda convertible y terminó captando US$1.250 millones porque la demanda de los inversores fue enorme. Para ponerlo en contexto, sólo en el último trimestre de 1998 había gastado cerca de US$50 millones en marketing mientras registraba pérdidas por más de US$17 millones.

Después llegó el derrumbe de las tecnológicas y la historia dejó de parecer tan prometedora. En 2001 Amazon todavía seguía perdiendo dinero: en el primer trimestre vendió US$700 millones, pero tuvo una pérdida operativa pro forma de US$49 millones. En ese momento ya no era tan evidente que “crecer primero y ganar después” fuera una estrategia brillante…También podía ser la historia de otra compañía de Internet que había gastado demasiado durante la euforia.

Bezos, sin embargo, llevaba años diciendo exactamente qué estaba haciendo. En su carta de 1997 había escrito que Amazon seguiría tomando decisiones pensando en el liderazgo de largo plazo y no en la rentabilidad del trimestre. Incluso reconocía que esa estrategia exigía inversiones importantes y que no estaba exenta de riesgo. Algunas apuestas funcionarían y otras no.

30 años después, Amazon Web Services, Prime, Marketplace, todo parece un éxito inevitable; sin embargo, en ese momento, no era obvio.

Ahora pasa algo parecido. Amazon ya no es aquella compañía que necesita convencer al mundo de que algún día va a ganar dinero. Es una máquina gigantesca y rentable. Nunca generó tanta caja como ahora —su flujo operativo alcanzó US$161.400 millones en los últimos doce meses— y, sin embargo, su free cash flow pasó a ser negativo porque está invirtiendo todavía más rápido.

Durante los primeros seis meses de 2026 destinó US$96.300 millones a inversiones de capital, frente a US$55.600 millones en el mismo período del año anterior. La mayor parte fue dirigida a infraestructura tecnológica para AWS: centros de datos, servidores y capacidad computacional. El ritmo es tan fuerte que Amazon elevó recientemente su previsión de inversión para todo 2026 a aproximadamente US$220.000 millones. 

Y en este contexto, Wall Street se vuelve a preguntar: ¿está invirtiendo demasiado?

La similitud con el pasado es tentadora. Hace veinte años Amazon invertía agresivamente en negocios cuyo retorno era incierto. Hoy sabemos que algunas de esas apuestas crearon muchísimo valor. Ahora vuelve a comprometer cantidades extraordinarias de capital en una tecnología que promete transformar la economía.

Pero tampoco podemos responder: “no, porque la otra vez le salió bien”. Eso sería demasiado fácil.

Sin embargo, podemos cambiar la pregunta a: ¿cómo distinguimos una empresa que está destruyendo capital de una empresa que está sacrificando resultados presentes para construir una ventaja futura?

Ahí aparece uno de los conceptos centrales de las finanzas corporativas: la asignación de capital. Una empresa puede usar el dinero que genera para pagar dividendos, recomprar acciones, reducir deuda o reinvertirlo. Amazon, históricamente, eligió reinvertir.

Pero reinvertir no crea valor por sí mismo. Crea valor si ese capital termina produciendo retornos superiores a su costo. Eso es, en esencia, lo que intenta capturar el ROIC: cuánto rendimiento obtiene una empresa por cada dólar que mantiene invertido en el negocio.

El problema de las grandes inversiones no es que sus resultados sean difíciles de medir. Es que muchas veces intentamos medirlos demasiado pronto. El tiempo distorsiona la lectura. Una inversión puede lucir pésima durante años antes de empezar a mostrar sus verdaderos retornos.

Por eso, cuando miramos la inversión actual en inteligencia artificial, la discusión no debería limitarse a si Amazon “está gastando demasiado”. La pregunta más interesante es si está asignando capital a una oportunidad capaz de generar retornos extraordinarios en el futuro.

Hoy, con el diario del lunes, miramos al pasado y pensamos en la máquina del tiempo: ¿quién pudiera volver atrás y comprar AMZN en menos de un dólar?

En cualquier caso creo que las palabras del Bezzos de 1997 siguen siendo vigentes: hay riesgo, algunas apuestas funcionarán y otras no.

¿Amazon volvió a gastar demasiado? ¿O estamos mirando, otra vez, una inversión cuyo verdadero resultado recién vamos a entender dentro de diez años?

Jeff Bezzos y Amazon 2026
Jeff Bezzos y Amazon 2026

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