La otra genialidad de Warren Buffett

Warren Buffett no fundó Berkshire Hathaway, y la firma tampoco nació como vehículo de inversión. Lucía Chardin Enríquez explica cómo el float asegurador le dio capital a costo bajo, cero e incluso negativo.

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Lucía Chardin Enríquez
Lucía Chardin Enríquez
Profesional de finanzas especializada en asesoramiento financiero personalizado y análisis de mercados. Acompaña a empresas e individuos en la toma de decisiones y en la planificación patrimonial, desde un enfoque estratégico e integral que combina análisis, criterio y cercanía profesional para brindar soluciones financieras a medida.

Resumen

Todos conocemos a Warren Buffett por ser uno de los inversores más exitosos de todos los tiempos, famoso por su capacidad para encontrar buenos negocios, comprarlos a precios razonables y mantenerlos durante mucho tiempo. Solemos pensar en Berkshire Hathaway como “la empresa de Buffett”: una especie de enorme vehículo de inversión que compra participaciones y compañías enteras. Sin embargo, ¿sabías que Buffett no fundó Berkshire? ¿Y que tampoco nació como una compañía de inversiones? La historia de cómo terminó convirtiéndose en uno de los mayores conglomerados empresariales del mundo tiene mucho que ver con una idea financiera extraordinariamente interesante: la capacidad de conseguir enormes cantidades de capital para invertir a un costo muy bajo y, en determinados períodos, incluso negativo. ¿Cómo fue posible? Te invito a leer esta columna para descubrirlo.

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Primero vino Buffett, después Berkshire

Antes de Berkshire Hathaway, Warren Buffett ya administraba dinero profesionalmente. En 1962 reunió sus sociedades de inversión bajo Buffett Partnership Ltd. Allí aparece el Buffett que todos conocemos: el discípulo de Benjamin Graham, buscando acciones baratas respecto de su valor.

Berkshire Hathaway fue originalmente una de esas inversiones. Era una empresa textil de Nueva Inglaterra, y no particularmente buena. Atravesaba el deterioro de la industria textil estadounidense y Buffett veía que cotizaba muy barata respecto de los activos que tenía detrás. Era un clásico cigar butt de Graham: comprar algo mediocre porque estaba tan barato que todavía quedaba “una última pitada”.

Buffett terminó comprando la empresa casi por enojo. En 1964, Seabury Stanton, responsable de Berkshire, le preguntó a qué precio vendería sus acciones. Buffett dijo USD 11,50 y Stanton aceptó verbalmente. Pero la oferta formal llegó por USD 11,375: un octavo de dólar menos. Buffett se enfureció y, en lugar de vender, compró más hasta tomar el control en 1965. Décadas después la calificaría esta decisión como “monumentalmente estúpida”.

¿Por qué? Porque había convertido una inversión oportunista en el control de un negocio pésimo. Berkshire tenía aproximadamente USD 22 millones de patrimonio contable, casi todo comprometido en textiles, pero esos activos producían retornos muy pobres. El problema con el negocio era que requería reinversión constante y los retornos eran bajos en relación. Acá aprendió una gran lección: una cosa es el valor de los activos y otra cuánto capital son capaces de producir. Entonces, ¿Cómo pasó una textil mediocre a convertirse LA Berkshire Hathaway que conocemos hoy? En vez de seguir reinvirtiendo en telares, Buffett empezó a sacar capital del negocio textil y colocarlo en otros negocios. El movimiento crucial llegó en 1967, cuando Berkshire compró National Indemnity Company, una aseguradora de Omaha, por USD 8,6 millones. Acá estuvo el punto bisagra. Esto cambió el juego porque puso bajo su control una fuente extraordinaria de capital para invertir: el float. ¿Que es el float? En un ejemplo de una aseguradora sencilla: Una persona paga hoy una prima de USD 1.000, pero el siniestro —si ocurre— puede pagarse meses o años después. Mientras tanto, ese dinero permanece en manos de la aseguradora. No es suyo en sentido económico pleno, porque existen obligaciones futuras, pero puede invertirlo. Eso es el float.

Gráfico ilustrativo del crecimiento del float asegurador de Berkshire Hathaway
De USD 19 millones en 1967 a unos USD 176.000 millones en 2025: el float que financió las inversiones de Berkshire.

Normalmente conseguir capital tiene un costo. Con el float, ese costo podía ser muy bajo, cero e incluso negativo. Supongamos que Berkshire cobra USD 100 en primas y termina pagando USD 95 entre siniestros y gastos. Ganó USD 5 con el negocio asegurador y, además, durante cierto tiempo dispuso de esos USD 100 para invertir. No solo tuvo ese capital “gratis”: económicamente, le pagaron por tenerlo.

National Indemnity llegó a Berkshire con aproximadamente USD 19 millones de float. A fines de 2025, ese float alcanzaba unos USD 176.000 millones. Pero esto no significa que el float sea el santo grial del financiamiento. Si una aseguradora cobra USD 100 y termina pagando USD 110, disponer de ese capital le costó USD 10. Ahí aparece el underwriting: seleccionar correctamente qué riesgos asegurar, a qué precio y bajo qué condiciones. La clave para Berkshire no fue simplemente generar mucho float, sino hacerlo sin destruir dinero en el camino.

En 2025, las operaciones aseguradoras de Berkshire generaron alrededor de USD 9.460 millones de ganancias de underwriting antes de impuestos. Es decir: además de disponer de unos USD 176.000 millones de float, el negocio que lo generaba también fue rentable. No ocurre todos los años, pero Berkshire consiguió durante largos períodos una fuente gigantesca de capital a un costo extraordinariamente bajo y, muchas veces, negativo.

Y acá aparece una última paradoja. Buffett es famoso por advertir sobre los peligros del endeudamiento, pero el float es, económicamente, una forma de apalancamiento. La diferencia está en su estructura: una deuda bancaria tiene intereses y vencimientos y puede obligar a vender cuando el mercado cae. El float, en cambio, se paga gradualmente a medida que aparecen los siniestros, mientras ingresan nuevas primas. No elimina el riesgo, pero reduce uno de los peligros que Buffett más temía: tener que liquidar buenos activos en un mal momento. Por eso Berkshire combinó ese apalancamiento con enormes reservas de liquidez.

La historia deja una enseñanza más interesante que “Buffett sabía elegir buenas empresas”. En finanzas importa qué compramos y qué rendimiento conseguimos, pero hay una pregunta anterior que puede ser igual de determinante: ¿de dónde sale el dinero con el que invertimos y cuánto nos cuesta?

Buffett no solamente fue extraordinario asignando capital. También construyó una estructura capaz de conseguirlo en condiciones excepcionalmente favorables. Berkshire no fue simplemente la empresa desde la que hizo grandes inversiones: fue la máquina financiera que le permitió hacerlas.

Y quizás ese sea el verdadero secreto escondido detrás del mito del gran inversor: no alcanzaba con saber qué comprar. También había que resolver, de una manera extraordinariamente eficiente, con qué dinero hacerlo.

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