De cada diez dólares que la industria petrolera invierte en la Argentina, nueve terminan en Vaca Muerta. El dato no es una estimación de mercado: surge del último informe de la Secretaría de Energía. Y grafica, con una precisión brutal, el peso que hoy tiene la inversión petrolera en Vaca Muerta dentro del mapa energético nacional. El número exacto es 91%.
El número que ordena todo el tablero
Ese 91% es una cifra que reordena la lectura del sector. Significa que la formación neuquina concentra casi la totalidad de los desembolsos petroleros del país. El resto de las cuencas, en cambio, se reparte apenas el porcentaje que sobra. Por eso el informe oficial funciona como una foto nítida del presente: la Argentina petrolera se juega, cada vez más, en un solo lugar. El dato también explica por qué las miradas del negocio energético apuntan sin desvíos a la cuenca. Podés seguir la evolución del yacimiento y sus inversiones con más detalle.

Una concentración que se aceleró
El fenómeno no es nuevo, pero se profundizó con fuerza en los últimos años. Cuando el no convencional neuquino empezó a escalar, la lógica de la inversión cambió. Las petroleras redirigieron capital desde los yacimientos convencionales maduros hacia el shale. También ajustaron sus planes de negocio a la productividad que ofrece la roca. En consecuencia, la brecha entre la cuenca neuquina y el resto se amplió año tras año.
Ese corrimiento tiene una explicación económica simple. Un pozo no convencional bien terminado rinde mucho más que uno tradicional. Además, la escala permite bajar el costo por barril. Las compañías, por lo tanto, priorizan los dólares que mejor rinden. Y esos dólares, hoy, apuntan casi todos al mismo destino. El proceso reconfigura, de paso, buena parte de las cuentas del sector energético.
Qué significa para el resto del país
La contracara del dato es la dependencia. Si la inversión petrolera en Vaca Muerta define el ritmo del sector, cualquier freno en la cuenca impacta de lleno en las cuentas nacionales. El Gobierno lo sabe. Por eso buena parte de la política energética gira alrededor de sostener ese flujo de capital. Los oleoductos, la infraestructura de evacuación y los proyectos de exportación de GNL apuntan a que la producción encuentre salida al mundo.
El desafío hacia adelante es doble. Por un lado, mantener el atractivo para que la inversión petrolera en Vaca Muerta siga creciendo. Por el otro, evitar que el resto de las cuencas quede sin recursos para sostener su actividad. El informe de la Secretaría de Energía deja el número sobre la mesa. Lo que se haga con semejante concentración, en cambio, ya no es una cuestión de geología sino de decisiones.
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