Hay una pregunta que el mundo energético se hace esta semana y que tiene una respuesta sorprendente: ¿por qué Harold Hamm — el hombre que construyó el shale norteamericano — abandona el Bakken de Dakota del Norte y desembarca en Vaca Muerta? La respuesta no tiene nada que ver con la geopolítica ni con las relaciones personales entre Hamm, Trump y Milei. Tiene que ver con la economía de cada barril.
El fundador y principal accionista de Continental Resources confirmó la suspensión de nuevas perforaciones en la formación Bakken, en Dakota del Norte — el principal activo productivo de la compañía — hasta que el precio del barril vuelva a niveles que justifiquen la inversión, según consignó CNN en español. El punto de equilibrio en el Bakken es de aproximadamente USD 58 por barril. Con el WTI oscilando entre USD 60 y USD 70 antes del conflicto en Medio Oriente, el margen era demasiado estrecho.
La ventaja competitiva de Vaca Muerta
Vaca Muerta es operativa con un precio de barril por encima de los USD 50 — y mantiene su desarrollo intensivo incluso en escenarios de barril bajo, en la medida en que la industria gane competitividad en costos financieros, logísticos y de servicios, según el analista Ezequiel Vega citado por CNN en español.

La diferencia de ocho dólares por barril puede parecer marginal. Pero multiplicada por los 70.000 barriles diarios que Hamm proyecta producir en Los Toldos II Oeste, esa diferencia equivale a más de USD 200 millones anuales de margen adicional. Es la diferencia entre un proyecto rentable y uno que sangra caja.
Además, Vaca Muerta tiene una ventaja estructural que el Bakken ya no tiene: está en fase de crecimiento. El Bakken lleva más de una década de desarrollo intensivo y sus mejores áreas ya están perforadas. Vaca Muerta todavía tiene miles de locaciones sin tocar, lo que significa que las primeras perforaciones en un bloque nuevo se hacen en las mejores zonas de roca — garantizando rendimientos más altos por pozo.
El respaldo político que facilitó la decisión
La llegada de Hamm a Vaca Muerta no es solo un cálculo económico. También es una apuesta política. Hamm visitó Argentina en septiembre de 2025, se reunió con el presidente Javier Milei, y semanas más tarde el ministro de Economía Luis Caputo confirmaba las inversiones en el país, según consignó CNN en español. La alineación entre Hamm, Trump y Milei crea un entorno político que reduce el riesgo percibido para el inversor norteamericano. En el mundo del shale, donde los proyectos requieren décadas de inversión sostenida, la estabilidad política vale tanto como la calidad de la roca.
Lo que Hamm trae que el dinero no puede comprar
Más allá del capital, lo que Continental Resources trae a Vaca Muerta es algo que no se puede importar ni licitar: décadas de experiencia operativa en shale de clase mundial. Hamm construyó el Bakken desde cero. Desarrolló las técnicas de fractura que convirtieron a Dakota del Norte en un productor de talla mundial. Optimizó los costos hasta hacer rentables pozos que nadie creía posibles.
Ese conocimiento acumulado, aplicado a las condiciones geológicas específicas del norte neuquino, puede acelerar significativamente la curva de aprendizaje local. Las empresas de servicios que trabajan con Continental en el Permian y el Bakken ya están mirando Vaca Muerta con otros ojos.
En 2025 Argentina alcanzó una producción de casi 860.000 barriles diarios de crudo, donde alrededor del 68% proviene de Vaca Muerta. Las exportaciones de combustibles y energía en 2025 alcanzaron USD 11.086 millones, con un crecimiento interanual del 14,1%, según informes de la consultora RICSA citados por CNN en español.
Hamm no vino porque le cayó bien Milei. Vino porque los números le cierran mejor acá que en su propio país. Esa es la historia real detrás del desembarco del rey del shale en Neuquén.
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