Faltan cinco días para que abra la temporada de pesca en los ríos y lagos de la Patagonia andina, pero en Villa La Angostura la conversación ya tiene un solo tema: el agua. El lago Nahuel Huapi y los arroyos que rodean a la localidad llegan a la apertura del 1 de noviembre con una crecida que no se veía hace mucho tiempo. Las nevadas del invierno en las altas cumbres y las lluvias constantes de toda la temporada dejaron niveles muy por encima de lo habitual. Para los pescadores, eso es una buena noticia. Para quien no conoce la zona, también es una advertencia.
Truchas activas cerca de la costa
Los relevamientos de octubre confirman lo que anticipaban los guías. El agua alta favorece el ciclo reproductivo de las truchas, que remontan ríos y arroyos para desovar. Este año los peces se distribuyeron mejor por las costas y accedieron con facilidad a los arroyos. Según Hugo “Colo” Dezurko, guía de pesca habilitado por el Parque Nacional Nahuel Huapi, todo indica que los desoves serán muy buenos. Eso se traduce en más peces para las próximas temporadas. Además, hay un efecto inmediato: con el lago alto, “la trucha se muestra mucho más activa cerca de las costas”.

En el Nahuel Huapi se vieron activas las tres especies presentes: la arcoíris, la marrón y la fontinalis o trucha de arroyo. Las tres están prácticamente recuperadas del desove. La arcoíris todavía necesita algo más de tiempo, porque es la última en desovar. En cambio, la marrón y la fontinalis muestran muy buen porte y son muy combativas. Las salidas de reconocimiento se hicieron desde embarcación, casteando hacia la orilla, y en cada punto recorrido hubo ataques.
Qué funcionó: mosca y spinning con colores flúor
La pesca con mosca rindió en todos los sectores. Las moscas más efectivas fueron las de tonos llamativos, como el naranja flúor, y las imitaciones de pequeños peces. La razón es simple: la trucha se alimenta de los forrajeros de la zona y también de crustáceos, y los colores vivos despiertan su ataque. Con cucharita o spinning la fórmula fue parecida: “señuelos en naranja, amarillo y verde flúor”, y modelos brillosos para llamar la atención. En todos los casos se trabajó con equipos y modalidades permitidos por el reglamento vigente.

Hay un cambio que complica la pesca de costa. Los veriles —los quiebres donde el fondo pasa de lo bajo a lo profundo— quedaron este año más lejos de la orilla. Para alcanzarlos hay que avanzar más dentro del agua, idealmente con waders. También cambió el paisaje: con tanta lluvia aparecieron nuevas caídas de agua y algunos sectores de costa se derrumbaron. Eso abrió ambientes nuevos para explorar, pero también dejó terrenos inestables.
Las reglas de octubre y el peligro del agua alta
Hasta la apertura general, la pesca en el Nahuel Huapi corre con condiciones especiales. El Reglamento de Pesca Deportiva Continental Patagónico permite retener un solo salmónido menor a 40 centímetros por día y prohíbe pescar en las bocas de ríos y arroyos en un radio menor a 200 metros. Los ríos siguen cerrados hasta el 1 de noviembre. Aunque la norma habilita ese sacrificio, los guías eligieron devolver todas sus capturas para cuidar el recurso. Los permisos de la temporada de pesca 2026/2027 ya están a la venta, y la localidad espera a los visitantes con cabañas, hosterías, hoteles y departamentos, según la oferta turística oficial de la provincia.
La advertencia más seria apunta a la seguridad. Son aguas frías y el río Limay viene desbordado, muy distinto a lo que se conocía. El agua entró entre los mimbres y sauces de la ribera y genera hidráulicos que complican la navegación y el vadeo. En algunas costas todavía hay sedimentos volcánicos que se ablandan con el agua alta. En otras, las lluvias pueden provocar desmoronamientos hacia zonas profundas. Por eso las recomendaciones son simples: chaleco salvavidas siempre, pescar acompañado y, sobre todo, “respetar el agua”.
Lo que viene ahora es la apertura del 1 de noviembre, con los ríos habilitados y el lago en un nivel que pocos recuerdan. La temporada de pesca arranca con un recurso en buen estado y abre una ventana clave para el turismo de la cordillera neuquina, que cada primavera mueve alojamiento, gastronomía y servicios de guía en toda la economía regional. El desafío será combinar la buena pesca con la prudencia: este año el agua manda.

