El asado dejó de ser un ritual de cada fin de semana en muchas mesas argentinas. Un informe difundido este mes lo confirma con números: el consumo de carne vacuna cayó al nivel más bajo en veinte años. La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (CICCRA) midió 47,5 kilos por habitante al año. Detrás de esa cifra hay un cambio que mezcla bolsillo, clima y un boom exportador.
Los datos del informe de mayo son contundentes. En los primeros cinco meses de 2026, el consumo retrocedió frente al año pasado. La faena, además, tocó su piso de la última década. Entre enero y mayo se procesaron 4,94 millones de cabezas, un 9,8% menos que en 2025. En mayo, por su parte, la industria faenó poco más de un millón de cabezas, con una baja interanual del 7,3%.
El precio explica buena parte del fenómeno. El rubro carnes acumuló una suba interanual del 45,8%, muy por encima de la inflación general del 33,2%. El kilo de asado promedió $17.237 y subió 57,1% en el año. También treparon fuerte la caja de hamburguesas congeladas y el kilo de cuadril. Con menos oferta y precios más altos, muchas familias cambiaron de proteína.
El reemplazo por pollo y cerdo
Para Miguel Schiariti, titular de CICCRA, el dato no es alarmante. Según explicó, la población se inclina por proteínas animales más baratas. «Cayó el consumo de carne vacuna, pero aumentó el de las otras», señaló. Antes se consumían entre 70 y 80 kilos de carnes en general; hoy esa cifra llega a 116 kilos entre vaca, pollo y cerdo. El clima, además, golpeó al stock. La sequía de 2023 dejó 500.000 terneros menos, y las inundaciones posteriores agravaron el cuadro.
El boom exportador y el efecto Trump
Mientras el mercado interno se achica, las exportaciones viven un momento inédito. En el primer cuatrimestre de 2026, los envíos crecieron casi 10% interanual. China sigue siendo el principal destino, aunque sus compras cayeron 1,8%. Estados Unidos, en cambio, multiplicó sus pedidos tras el acuerdo con Donald Trump. El convenio amplió el cupo de carne argentina y disparó la demanda para hamburguesas.
El salto de los precios internacionales completa el atractivo. Héctor Pérez, productor bonaerense, lo resumió sin vueltas. «¿Por qué un productor va a vender adentro para que el pueblo coma carne barata cuando puede exportarla a mucho más valor?», se preguntó. Además, la gestión nacional habilitó la exportación de cortes «populares» antes vedados por un decreto de 2021.
El golpe en la carnicería de barrio
El ajuste se siente fuerte en el comercio minorista del Alto Valle. Lucas Sepúlveda abrió su carnicería Los Gordillos en General Roca en 2023. Hace tres años, recordó, un local de barrio vendía unos 500 kilos por día. Hoy maneja entre 150 y 200, sumando vaca, pollo y cerdo. «La gente no tiene plata», resumió. Muchos clientes compran con tarjeta o piden fiado, y las carnicerías acumulan deudas con los productores.
El cierre de Schiariti apunta a un cambio de fondo. «La carne vacuna va a costar más. Es un cambio cultural, pero nos vamos a acostumbrar», concluyó. Por lo tanto, el consumo de carne vacuna seguirá tensionado entre el bolsillo local y la demanda global. Los próximos informes mensuales mostrarán si el reemplazo por pollo y cerdo se consolida o si el asado recupera lugar en la mesa.
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