En la columna anterior hablamos sobre la importancia de la liquidez como posición dentro de una cartera de inversión. Hoy nos toca hablar de algo similar, pero desde el punto de vista de una empresa: la caja.
La caja es la sangre de la compañía.
Una empresa puede vender mucho, facturar bien, tener clientes, tener trabajo, tener movimiento; pero si no tiene claros sus ciclos financieros, puede estar estrangulando la caja que mantiene viva la operación.
Los estudios empresariales indican que hasta el ~ 82% de los negocios fracasan por una mala administración del dinero o problemas de flujo de caja. (Fuente U.S. Bank)
Si tu indicador financiero es el banco, seguí leyendo porque esto te va a servir.
¿Por qué es fundamental el orden y la previsibilidad de los flujos futuros de fondos?
No tener orden en la caja ni previsibilidad de los flujos futuros de fondos impacta directamente en la tranquilidad del empresario, en la viabilidad de las operaciones, en la rentabilidad y en la posibilidad de crecer.

En general, los empresarios están acostumbrados a la incertidumbre. Conviven con ella. Y esto no está mal; de hecho, es una virtud. Ser amigo del riesgo es clave para quienes eligen el camino de la empresa propia. Sin embargo, hay aspectos fundamentales de los cimientos de una empresa, como la caja, que no deberían representar una incógnita tan grande.
En este punto, la capacidad de adaptación que tenemos como humanos nos juega en contra. Porque la empresa se acostumbra a operar bajo presión. El empresario también. Y como el negocio sigue funcionando, estrés más o estrés menos, muchas veces el tema se posterga.
Trabajar con una caja presionada no es el escenario ideal. Y si encima se combina con un entorno poco amable para ello, el panorama se complica aún más. Las empresas que operan en el sector Oil & Gas lo saben bien: las condiciones de cobro de los clientes pueden cambiar sin previo aviso: de repente, un cobro a 30 dias se vuelve uno de 60 y uno de 60 se vuelve uno de 90. Prever los momentos de déficit y superávit es crucial, ya no solo para el éxito, sino para la supervivencia de la empresa.
El costo de no saber es alto.
No saber si el mes que viene te va a sobrar o te va a faltar. No saber si lo que te sobra podés usarlo o tenés que guardarlo. No saber si lo que falta vas a poder cubrirlo con caja propia o si vas a necesitar respaldo financiero. Todo eso agrega un factor de presión y riesgo enorme.
Ordenar la caja no es intentar controlar todo. Siempre van a existir imprevistos, cambios de contexto y cosas que no se pueden anticipar. Pero lo que se pueda medir, se tiene que medir. Lo que se pueda prever, se tiene que prever.
No buscamos controlar lo que está fuera de nuestro alcance. Buscamos aclarar, ponerle luz y orden a lo que sí. Lograr previsibilidad nos permite anticiparnos y resolver con tiempo. Nos permite tener una visión más amplia, más allá del plazo inminente del día a día.
A lo largo de esta serie vamos a ir desarmando este tema por partes. Vamos a hablar de los contratos que parecen dar trabajo pero en realidad desfinancian, de la rentabilidad que se pierde cuando la caja queda quieta «por las dudas», de por qué el flujo de caja libre es clave para acceder a financiamiento, de cómo la falta de previsibilidad puede frenar el crecimiento y también de algo que suele aparecer por debajo de todo esto: la resistencia a ordenar. Porque ordenar incomoda, da pereza y a veces obliga a mirar cosas que uno preferiría no mirar. Pero también da algo muy valioso: claridad, margen de maniobra y capacidad de decidir antes de que lo importante se vuelva urgente.
En la próxima columna vamos a ver uno de los aspectos donde más se pierde esta lectura: el ciclo de conversión de efectivo, o dicho más simple, la cantidad de días que tu empresa financia desde que paga hasta que cobra.
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