En Junín de los Andes hay una trucha ahumada que ya no pertenece solo al pueblo. La elabora Quico, un productor artesanal que lleva más de medio siglo entre ahumados y escabeches. Este sábado, el área de Turismo de la provincia difundió su historia como ejemplo de un producto local que trasciende la localidad. El motivo tiene nombre propio: el chef francés Christophe Krywonis probó esa trucha ahumada y la puso por encima de todas las que había comido en su vida.
El elogio de Christophe Krywonis
El reconocimiento llegó de un paladar acostumbrado a recorrer cocinas y sabores de distintos lugares. Krywonis destacó especialmente la trucha elaborada por Quico, según relató el propio productor. «Que a mí me diga el reconocido chef francés Christophe Krywonis que fue la trucha más rica que probó de todas sus andanzas, eso ya me deja allá arriba», contó. Para él, la frase fue mucho más que un halago. Fue la confirmación de que una elaboración nacida en Junín de los Andes podía competir con lo que se cocina en cualquier parte del mundo.

Cómo se hace la trucha ahumada de Ahumados Quico
La materia prima sale de la piscicultura de la región. De ahí en adelante, todo pasa por las manos de Quico y por una forma de cocinar que aprendió con los años. Su elaboración se apoya en técnicas tradicionales y en el respeto por las costumbres de la zona. No busca fórmulas nuevas. Prefiere seguir haciendo las cosas como las aprendió, aunque eso implique más tiempo. Por eso, detrás de cada pieza hay oficio, memoria y dedicación, además del alimento en sí. Ese sello propio es lo que distingue a Ahumados Quico de una trucha ahumada cualquiera.
Una historia ligada a Ruca Hueney
La trayectoria de Quico está atada a la gastronomía de Junín de los Andes. Trabajó junto a la familia del tradicional restaurante Ruca Hueney, uno de los clásicos de la ciudad. También desarrolló tareas en Salud Pública. Sin embargo, el vínculo con la cocina nunca se cortó. Durante feriados, fiestas, aniversarios y eventos de la Rural siguió colaborando con la familia del restaurante y aportando su experiencia. Ese recorrido explica por qué su nombre circula en los eventos gastronómicos locales, aunque su emprendimiento sea pequeño y artesanal.
Una puerta de entrada a los sabores de la cordillera
Junín de los Andes es un lugar donde la naturaleza, la producción y el turismo se cruzan. Ahí, emprendimientos como el de Quico ayudan a construir una identidad gastronómica propia. La trucha, el ciervo y otros productos de la zona funcionan como una puerta de entrada a los sabores del sur neuquino. Para el visitante, probar esos ahumados es parte de la experiencia de viaje, igual que la pesca o la montaña. Por eso el organismo de Turismo de la provincia eligió presentar este caso dentro de su promoción de la gastronomía regional.
Lo que viene ahora no cambia la receta. Quico mantiene una premisa sencilla: seguir haciendo las cosas como las aprendió, con las técnicas y costumbres que forman parte de su historia. La diferencia es que su trucha ahumada tiene hoy una carta de presentación que pocos productores artesanales pueden mostrar. El elogio de un chef de trayectoria internacional le da a Junín de los Andes un argumento más para posicionarse como destino gastronómico, en un momento en que la provincia busca diversificar su economía más allá del petróleo. La pregunta que queda abierta es si ese reconocimiento se traduce en más demanda para los productores de la zona, o si queda como una anécdota bien contada.

