¿Por qué crece Neuquén? 82 personas por día, pleno empleo y marcas que llegan atrás de Vaca Muerta

En septiembre de 2026 la capital neuquina combina 3,2% de desempleo y 19,6% de pobreza con un costo de vida 18% más alto que CABA. La provincia produce el 70% del petróleo argentino.

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Santiago Montórfano
Santiago Montórfanohttps://neuquen21.com.ar
Neuquino. Politólogo recibido en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Conductor, productor y columnista político en medios de comunicación (Radio, TV y Prensa escrita). Creador del diario digital neuquen21.com.ar Un magazine digital dedicado a publicar las noticias más relevantes de la Provincia de Neuquén.

Un helado cuesta en Neuquén capital un 15% más que en la ciudad de Buenos Aires. El dato parece menor, pero cuenta una historia más grande. La ciudad recibe 82 personas por día y ya se proyectan 30.000 migraciones al año. Detrás de esa mudanza masiva está el petróleo de Vaca Muerta. El crecimiento de Neuquén tiene el ritmo de la cuenca, y en septiembre de 2026 eso se nota en las calles, en los alquileres y en las vidrieras.

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Pleno empleo y menos pobreza que el resto del país

Los números laborales explican por qué la gente sigue llegando. El desempleo en Neuquén es de 3,2%, mientras el promedio nacional está en 7,9%. Con la pobreza pasa algo parecido: 19,6% en la provincia frente a 32,3% en el país, según los relevamientos del INDEC. Son cifras que ninguna otra provincia puede mostrar hoy. Por eso Neuquén se convirtió en el destino natural de quien busca trabajo en la Argentina de 2026.

Torre de perforación petrolera en la meseta neuquina, con camiones y personal en el yacimiento
Neuquén produjo 670.000 de los 950.000 barriles diarios de agosto. Chevron pidió el RIGI para invertir US$ 13.800 millones en El Trapial.

Sin embargo, la contracara es el costo de vida. Vivir en la capital neuquina sale un 18% más caro que en CABA. Los alquileres, los servicios y hasta el helado reflejan una demanda que crece más rápido que la oferta. Es el precio de una economía regional que funciona a pleno cuando el resto del país todavía se acomoda. La ciudad crece, pero también se encarece.

El petróleo que financia el cambio

La base de todo es la producción. Argentina extrajo en agosto 950.000 barriles diarios de petróleo, y 670.000 de ellos salieron de Neuquén. Es decir, la provincia aporta el 70% del crudo nacional. Ese volumen convirtió a la cuenca en el motor exportador del país. También explica que las grandes petroleras sigan apostando por la roca neuquina. Chevron, por ejemplo, pidió la adhesión al RIGI con una inversión de US$ 13.800 millones para su bloque El Trapial.

El desafío ahora es de escala, no de geología. Hoy se perforan unos 500 pozos por año en la cuenca. Para duplicar la producción harían falta más de 1.000. El ministro de Energía de la provincia, Gustavo Medele, lo resumió sin rodeos: «¿Puedo producirlo? Sí, la roca no es un problema». El cuello de botella está en otro lado: equipos, transporte, capital y gente. Desde el yacimiento, Juan Pablo Romanato, jefe de Operaciones de El Trapial, aporta la mirada operativa de ese esfuerzo. La actividad pide más de todo, y más rápido.

Las marcas quieren estar

El efecto del crecimiento de Neuquén se ve en el comercio. Marcas que hasta hace poco miraban solo a Buenos Aires ahora eligen la capital neuquina. Le Pain Quotidien abrió su primer local en la ciudad hace tres meses. La heladería marplatense Lucciano’s también se expande acá. Cada apertura es una apuesta sobre un consumidor con ingresos altos y ganas de gastar. En cambio, en buena parte del país las cadenas cierran locales o frenan planes. Neuquén juega otro partido.

Lo que viene ahora es la prueba de la infraestructura. Más pozos significan más camiones, más viviendas, más escuelas y más presión sobre los servicios. El crecimiento de Neuquén ya dejó de ser una promesa: es una ciudad que suma más de 2.400 habitantes nuevos cada mes. La pregunta para los próximos años es si el Estado y el sector privado logran acompañar ese ritmo. Porque la roca no falla, como dice Medele. El resto, todavía, hay que construirlo.

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