Empezar con un fin en mente Hay 3 preguntas que todo inversor necesita responderse antes de empezar a pensar en que invertir: ¿Cuál es mi objetivo? ¿A qué plazo voy? Y la última, pero igual de importante, ¿Cuánto estoy dispuesto a arriesgar? Puede parecer obvio, pero en la práctica casi nunca está definido.
Cuando alguien me contacta por asesoramiento, lo primero que suele decirme es: “tengo estos fondos para invertir, recomendame algo”. Cuando empiezo a hacer estas preguntas, en la gran mayoría de los casos no hay respuestas. Y ahí es donde realmente empieza el trabajo. El objetivo es lo primero a considerar. ¿Qué quiero lograr con esta inversión? ¿Mantener el valor del dinero y obtener un rendimiento estable? ¿Generar ingresos mensuales? ¿Maximizar el retorno? Las respuestas son infinitas y personales. Tener claro qué espero obtener es clave para decidir con el mejor criterio.

Lo siguiente es definir el horizonte temporal. ¿Cuánto tiempo estoy dispuesto a mantener esa inversión? ¿Meses, años, décadas? ¿Es dinero que voy a necesitar en algún momento? ¿Cuándo? El plazo es un componente central en cualquier estrategia y condiciona directamente la elección de los instrumentos adecuados.

Por último, pero imprescindible, el riesgo. Y esto es crucial porque acá intervienen las emociones. En este punto la honestidad con uno mismo es fundamental. “¿Cuánto estoy dispuesto a arriesgar?” Significa tener claro cuánto estoy dispuesto a perder, o cuánto tiempo estoy dispuesto a aguantar con mi portafolio en pérdida – aunque sea no realizada- y en qué magnitud.

Acá los invito a ponerse en situación. No lo tomen a la ligera y simplemente piensen un número. Imaginen un escenario en el que su inversión cae un 10%, 20% o 30% y evalúen su tolerancia. ¿Cómo afectaría esta situación? ¿Cuánto tiempo podrían sostener una cartera en pérdida? ¿Qué impacto tendría en su tranquilidad, su economía y en las personas que dependen de ustedes? Siempre que invertimos asumimos riesgo. Pero cuando estos aspectos están definidos, podemos elegir cuánto asumir y, sobre todo, reducir los puntos ciegos.
Estos tres pilares – objetivo, plazo y riesgo– son la base del su perfil como inversores, el cual va mucho más allá de la etiqueta de “conservador”, “moderado” o “agresivo”. Tenerlos claros es lo que permite construir un portafolio coherente, sostenerlo en el tiempo y dormir tranquilo a lo largo del proceso.

Lucía Chardin Enríquez
Profesional de finanzas especializada en asesoramiento financiero personalizado y análisis de mercados.
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