El legado de Elías Sapag y la «cláusula de oro» de la constitución de 1994

Un repaso sobre el papel del patriarca del MPN en la convención constituyente de 1994 y la batalla estratégica por la soberanía de los recursos provinciales.

Neuquén 21
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Equipo del sitio Neuquén 21

El legado de Elías Sapag y los recursos naturales. El invierno de 1994 en Santa Fe no solo era frío por el clima del río Paraná; era gélido por la tensión política. En el paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral, se estaba rediseñando el adn de la república argentina. El Pacto de Olivos entre Carlos Menem y Raúl Alfonsín había abierto la caja de pandora de una reforma constitucional que buscaba modernizar el estado, pero que en el fondo escondía una batalla feroz por el poder, el dinero y la autonomía.

En medio de ese hervidero de convencionales constituyentes, juristas de renombre y operadores políticos, caminaba una figura que parecía salida de una novela de Gabriel García Márquez: Elías Sapag.

El escenario: un canje histórico

La reforma de 1994 es recordada por la reelección presidencial y la creación de la jefatura de gabinete. Sin embargo, para las provincias del interior profundo, especialmente las petroleras, la verdadera batalla no era la duración del mandato presidencial, sino quién era el dueño de lo que estaba bajo la tierra.

Convención constituyente de 1994
Convención constituyente de 1994

Hasta ese momento, existía una ambigüedad jurídica peligrosa. El estado nacional se arrogaba la propiedad de los hidrocarburos y minerales basándose en leyes de la época de la organización nacional. Elías Sapag, senador nacional y cofundador del Movimiento Popular Neuquino, entendía que esa era la debilidad estructural de Neuquén. Sabía que sin el control legal de sus recursos, la provincia siempre sería un mendigo sentado en un trono de oro.

El hombre: Elías Sapag, el estratega de los desiertos

A sus 83 años, Elías Sapag era el patriarca. No era solo un senador; era el jefe de una familia que había convertido a un territorio inhóspito en una potencia energética. Su salud estaba ya deteriorada, pero su mente política estaba más afilada que nunca.

Cuentan los cronistas de aquella convención que Elías Sapag no se perdía en discursos abstractos. Él iba a lo concreto. Mientras los constitucionalistas discutían el tercer senador por la minoría, Elías Sapag y el bloque de convencionales del Movimiento Popular Neuquino tejían alianzas con los representantes de otras provincias productoras para dar un golpe de timón al centralismo porteño.

La anécdota: el peso del voto y la salud de hierro

Se dice que en las negociaciones previas, el oficialismo nacional de Carlos Menem necesitaba el apoyo de los bloques provinciales. Elías Sapag, con la autoridad que le daba ser un aliado estratégico en el senado, puso una condición innegociable sobre la mesa de Eduardo Menem y Chiche Aráoz:

— «Si quieren reforma, las provincias deben ser las dueñas de sus recursos. Si no, Neuquén no acompaña«.

Felipe Sapag y Elías Sapag
Felipe Sapag y Elías Sapag

Hubo sesiones maratónicas donde Elías Sapag, a pesar de su fragilidad física, permanecía en el recinto. En la comisión de régimen federal se discutía la redacción del que sería el artículo 124. Los técnicos de la nación temían que ceder el dominio desfinanciara al estado central. Elías Sapag les recordó que sin las provincias no habría gas para Buenos Aires ni petróleo para las refinerías.

El parto del artículo 124

Finalmente, el consenso se cristalizó en una frase que cambió la historia económica argentina. El último párrafo del artículo 124 quedó redactado con una claridad meridiana:

«Corresponde a las provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio«.

Esa palabra, originario, fue el triunfo personal de Elías Sapag. Significaba que la propiedad no era una concesión de la nación, sino un derecho previo de los estados provinciales. Cuando se aprobó el texto, se dice que Elías Sapag sintió que su misión vital estaba cumplida. Había logrado la soberanía jurídica sobre el subsuelo.

El impacto: de la tinta al petróleo

Felipe Sapag y Elías Sapag
Felipe Sapag y Elías Sapag

Sin ese artículo y sin la tenacidad de Elías Sapag, hoy no existiría Vaca Muerta tal como la conocemos. Gracias a ese párrafo, Neuquén es quien firma las concesiones con empresas como Chevron o Shell y cobra directamente las regalías, lo que le permite tener un presupuesto muy superior al promedio nacional.

El final de un guerrero

Elías Sapag murió el 31 de agosto de 1994, apenas días después de que la nueva constitución fuera jurada en el Palacio San José, en Entre Ríos. Se fue con la satisfacción del estratega que gana la batalla final. Su presencia en la convención fue el último acto de un hombre que entendió que en la política argentina el federalismo se financia con el subsuelo. Hoy, cada vez que un gasoducto cruza la pampa, hay un eco silencioso de aquel anciano que le torció el brazo al centralismo para que Neuquén fuera dueña de su propio destino.

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