Dos agendas en Nueva York: Milei, Figueroa y el federalismo argentino

Mientras Milei busca atraer inversiones con un liberalismo radical, Figueroa subraya la autonomía provincial y el Estado como motor del desarrollo. La gira en EE.UU expone dos agendas con matices propios para el futuro federal argentino.

La presencia simultánea del presidente Javier Milei y el gobernador Rolando Figueroa en Estados Unidos, sugiere un interesante contrapunto en la estrategia argentina para atraer inversiones y posicionarse en el escenario global. Si bien ambos persiguen el objetivo de generar confianza y capital, sus enfoques y prioridades revelan las distintas capas de un país en proceso de cambio. Mientras Milei busca consolidar un liderazgo regional en base exhibir a un liberalismo pleno, Figueroa reafirma la autonomía provincial con un enfoque productivo y conserva la centralidad del Estado en tanto “articulador del desarrollo”.

El presidente Milei, en su gira, se presenta como un «líder regional» que ha derrotado «al populismo» y logró ordenar la macroeconomía argentina, siendo el descenso de la inflación su principal credencial. Su participación en la Cumbre “Escudos de las Américas”, ideada por Donald Trump, busca reforzar un alineamiento sin restricciones con Estados Unidos, incluso dando señales de distancia con China. Paralelamente, en la «Argentina Week», el libertario aspira a convencer a grandes ejecutivos de los beneficios de leyes como la reforma laboral y la media sanción de la Ley de Glaciares, prometiendo que la economía «crecerá sin techo», incluyendo recuperación salarial y generación de empleo.

En contraste, el gobernador Rolando Figueroa subraya una «agenda propia» para Neuquén, incluso cuando coincide en espacio con la comitiva presidencial. «La provincia de Neuquén siempre tiene agenda propia», aseguró Figueroa, quien ve en el viaje a Estados Unidos una oportunidad para buscar «inversiones en gas y petróleo», pero también para «interesar a cadenas de hoteles para desarrollar hotelería dentro de la provincia». Esta visión revela un concepto de estado provincial activo y propositivo, que gestiona directamente sus recursos y oportunidades, más allá de la directriz central. Para Figueroa, el Estado neuquino no es un ente a desmantelar, sino un motor y un facilitador indispensable del desarrollo local.

La necesidad de esta «agenda propia» para Neuquén, que trasciende la nacional de Javier Milei, se fundamenta en una apuesta súbita al federalismo y las especificidades regionales. No se trata de una «rosca política» sino de «cómo nos podemos complementar para generar el desarrollo argentino». Esta perspectiva sugiere que, si bien el gobierno nacional establece un marco, las provincias productivas deben tener la libertad y las herramientas para potenciar sus fortalezas. Es una mirada que respeta el aporte de las economías locales y su capacidad de ser sujetos activos en el crecimiento nacional.

El eje de esta autonomía neuquina es, sin lugar a dudas, Vaca Muerta. Este yacimiento de hidrocarburos no convencionales es un activo estratégico que dota a la provincia de un poder de negociación y un atractivo inversor inigualables. Es la principal razón del «especial interés en Neuquén» por parte de los inversores internacionales. Figueroa capitaliza esta ventaja, buscando inversiones directas y diversificando la mirada hacia el turismo, mostrando que la riqueza de Vaca Muerta puede ser la palanca para un desarrollo más amplio y sostenido, una oportunidad que la provincia gestiona y promueve con iniciativa propia.

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