Entre el «Máximo Histórico» y la realidad fragmentada: una mirada al crecimiento económico de 2025

Neuquén 21
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Equipo del sitio Neuquén 21

Los datos preliminares del INDEC dieron a conocer, para sorpresa de muchos, un crecimiento de la actividad económica del 4,4% en 2025. Un número que, en primera instancia, suena a buena noticia y que, de hecho, fue celebrado con entusiasmo por el gobierno, que lo tildó de «Máximo histórico de producción» y «Masterclass del Coloso». Sin embargo, al adentrarse en la letra chica y en las proyecciones de los analistas, surge la inevitable pregunta: ¿es este un crecimiento robusto y generalizado, o estamos frente a una fortaleza que, por el momento, es más bien sectorial y concentrada?

La imagen que dibuja el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de diciembre es, sin duda, prometedora: un repunte del 1,8% respecto a noviembre, impulsado en gran medida por una fuerte cosecha de trigo. Este «salto» logró maquillar un segundo semestre que, según el propio INDEC, estuvo marcado por «fuertes caídas de la industria y de sectores del comercio y la construcción». Es decir, la mayor parte del crecimiento de 2025 se concentró en la primera mitad del año, con el fin de año recibiendo un oxígeno vital gracias al campo.

Esta dinámica revela una economía con marchas y contramarchas evidentes. Mientras que actividades como «Agricultura, ganadería, caza y silvicultura» (gracias al trigo) y la «Intermediación financiera» experimentaron una expansión significativa, otras pilares como la «Industria manufacturera» y el «Comercio mayorista, minorista y reparaciones» mostraron un desempeño negativo. Es como si el motor principal estuviera funcionando con algunos cilindros a plena potencia, pero otros estuvieran experimentando fallas, lo que genera un avance a tropezones.

Las voces expertas de consultoras como Romano Group, LCG y ACM refuerzan esta lectura cautelosa. Si bien el «arrastre estadístico» de diciembre deja un buen punto de partida para 2026, la mayoría no proyecta un crecimiento espectacular para el año en curso. LCG, por ejemplo, señala que la actividad seguirá traccionada por «pocos sectores (petróleo, minería, agro e intermediación financiera)», sin encontrar «drivers» que empujen el crecimiento en otros ámbitos. ¿La razón? Una «demanda interna poco pujante con salarios estancados y creación de empleo de baja calidad».

Aquí es donde el análisis se vuelve más crítico. Un crecimiento económico que no se traduce en una mejora tangible para la mayoría de los ciudadanos, con salarios que pierden poder adquisitivo y un mercado laboral precario, dista mucho de ser el ideal. Los festejos del gobierno son comprensibles, pero la verdadera fortaleza de una economía se mide en la capacidad de generar bienestar generalizado, no solo en cifras macroeconómicas que, por sí solas, pueden ocultar desigualdades y dificultades sectoriales.

Para el 2026, la clave estará, como bien apunta ACM, en si «la recuperación se amplía hacia sectores más ligados al mercado interno». Esto implica no solo estabilidad cambiaria y un tipo de cambio real competitivo, sino también, y fundamentalmente, la recomposición de los ingresos reales y la disponibilidad de crédito para impulsar la demanda. Sin una reactivación de la industria, el comercio y la construcción, y sin una mejora sustancial en el poder adquisitivo de los hogares, el prometedor 4,4% de 2025 podría quedar en la memoria como un oasis aislado, en lugar de ser el primer paso de una recuperación sólida y equitativa.

En definitiva, es importante celebrar el crecimiento, pero no debe perderse de vista la importancia de la calidad y la distribución de ese crecimiento. El desafío para el año en curso es transformar este repunte sectorial en una expansión que beneficie a todos, garantizando que el «Máximo histórico» no sea solo un número en las estadísticas, sino una realidad palpable en el día a día de cada ciudadano.

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