“Me acerqué al coaching buscando herramientas para coordinar a otros, y encontré algo mucho más desafiante: la posibilidad de transformarme a mí misma.”
El coaching es una herramienta complementaria a diversos procesos que transitan las personas en sus vidas. Se trata de una disciplina que no hay que confundirla con la psicología positiva, ni con espacios terapéuticos, el coaching es un complemento. En el ámbito profesional habilita una preguntas clave, por ejemplo: ¿Cómo hacemos lo que hacemos?. En un contexto donde los paradigmas del hacer nos interpelan cada día, ya sea por la velocidad de los cambios, las formas y las decisiones metodológicas, el coaching viene a movernos, preguntarnos y sobre todo a “hacernos pensar” desde las inquietudes, más que desde las certezas.
Hay una frase de Julio Olalla, precursor de coach ontológico, que dice “tenemos todas las respuestas a preguntas que nunca nos hemos hecho”. Quizás el desafío sea animarnos a iniciar ese primer movimiento: preguntarnos. Pero para que esa pregunta emerja, es necesario habilitar otro tipo de tiempo: el tiempo de lo importante. Un tiempo más laxo, menos urgido, que permita detenerse, observar y conectar con el proceso. Sabiendo que los resultados son consecuencia de cómo pensamos, de como vemos el mundo, de lo que hacemos y, de aquello que nos animamos, o no, a cuestionar. Un ejemplo cotidiano es la velocidad. Muchas veces nos afecta que “los otros” sean más rápidos o más lentos. Nos inquieta porque no estamos poniendo en juego que no todos partimos del mismo lugar: nuestras experiencias, trayectorias, motivaciones e información son diferentes. Y es allí donde el coaching vuelve a ofrecer una clave: ampliar la mirada para comprender antes de juzgar o suponer.
El punto de partida: mirarnos para construir equipo

En los procesos de trabajo con personas y equipos, la mirada inicial suele estar puesta afuera. Sin embargo, el coaching invita a realizar un “giro de la mirada”, como plantea Rafael Echeverría, otra figura destacada de esta disciplina. La primera apertura es hacia uno mismo: desarrollar autoconciencia e interrogarnos sobre cómo somos, qué habilidades tenemos y desde qué lugar nos vinculamos con el tiempo y la acción. En ese proceso también aparece una dimensión clave: reconocer que aquello que consideramos fortalezas, si no se gestiona con conciencia, puede convertirse en una limitación. Luego emerge la dimensión de “los otros”. Muchas veces hablamos de “equipos”, pero en la práctica se trata de personas diversas que no siempre comparten sentido. Surgen entonces dos interrogantes: ¿Qué equipos queremos tener? Pregunta que no todos pueden responder y una complementaria: ¿Qué estamos haciendo para tener ese equipo? Y aquí la conversación vuelve al inicio: a revisar con qué contamos, que necesitamos cambiar, qué debemos desarrollar y cómo administrar con mayor observación nuestras fortalezas y también saber lo que nos falta, que quizás otro lo tiene.
Liderazgo 180°: Recuperar lo regenerativo como condición humana
Nosotros como equipo estamos desarrollando una plataforma de aprendizaje llamada “Liderazgo 180°”, orientada a co-crear procesos de alto impacto en comunidades, organizaciones y equipos. Apunta a mejorar el hacer, y también a transformar la manera en que observamos y nos observamos. Partimos de una premisa: todas las personas cuentan con habilidades, algunas aún no reconocidas y otras que necesitan ser desarrolladas. El trabajo consiste en hacerlas visibles, entrenarlas y ponerlas en juego en contextos reales. El eje transversal y objetivo en sí mismo es la recuperación de los espacios conversacionales, cuestión intrínsecamente humana, entendiendo que cada persona construye su mirada del mundo a partir de su historia, su trayectoria y su expertise. Por eso, frente a un mismo hecho, pueden convivir interpretaciones distintas. Lejos de ser un problema, esa diversidad es una oportunidad: muchos de los conflictos en equipos, comunidades y organizaciones no son otra cosa que diferencias de miradas, de intereses o de sentido. En ese escenario, la conversación, y especialmente “la escucha”, se vuelve una herramienta clave para acortar brechas y generar acuerdos. Implica detenerse, escuchar sin distracciones (sin pantallas que interfieran, por ejemplo) y habilitar un espacio donde sea posible comprender qué le sucede al otro, qué necesita y desde dónde está mirando.
Garantizar espacios de innovación:
Estamos transitando un tiempo adaptativo, atravesado por la velocidad, la distorsión y la sobrecarga de estímulos, donde las conversaciones tienden a ser operativas y superficiales, desconectando la posibilidad de arribar a resultados. Esto nos convoca indefectiblemente a recordar que el ser humano necesita tiempo para generar los recursos necesarios para desarrollar nuevas habilidades. El desafío es volver a poner en valor la palabra, entendiendo que tiene el poder de transformar, para bien o para mal, los vínculos, las decisiones y los resultados. Pensemos que diferente suena decirle a alguien “eso es imposible” a “es difícil, pero hay que intentarlo”.

La experiencia de la pandemia, quiebre y revelación:
Fuimos capaces de conectar con recursos que no sabíamos que teníamos. Hoy, el desafío es sostener y potenciar esos aprendizajes, fortaleciendo la capacidad de pensarnos colectivamente y de construir organizaciones más conscientes, flexibles y humanas.
Un territorio que enaltece la oportunidad
Neuquén y la Patagonia se encuentran en un momento histórico clave para revisar sus paradigmas de desarrollo y reflexionar sobre la relación entre el ser, el hacer y el tener. La concepción del tiempo, la potencia de la naturaleza y la construcción de comunidad habilitan una singular oportunidad para reflexionar sobre formas de producir, de organizarse y de proyectar futuro. El desafío es integrar: articulando crecimiento con sostenibilidad, innovación con identidad y desarrollo con arraigo territorial. La mirada sistémica es una herramienta central, porque permite comprender que cada decisión en una empresa, en una institución o en la gestión pública, impacta en un entramado más amplio: el sistema y, por ende, en el resto del país. Nos convoca diseñar con mayor conciencia qué organizaciones queremos construir, qué vínculos queremos fortalecer y qué tipo de desarrollo queremos impulsar como sociedad.

Sole Cantero nos acerca una mirada sobre el coaching como práctica complementaria que invita a repensar el hacer en organizaciones y equipos, poniendo en el centro la pregunta, la conversación y la construcción de sentido en contextos complejos, haciendo foco en la humanidad.
“En un contexto donde la fragmentación y la velocidad se presenta como un desafío incomodo, los espacios de entrenamiento organizacional son claves para inaugurar una manera de hacer diferente. Ese hacer pensado en organizaciones y equipos, desde una mirada situada en el territorio y en la construcción de sentido colectivo.” Sole Cantero
Seguila en LinkedIn o visitá su sitio Mentoría Organizacional Consultora
Podés seguir leyendo sobre coaching en Mentoría Organizacional o en nuestra categoría especializadad de Neuquén 21
Seguí leyendo Noticias de Neuquén
